Bolivia y el Mar - Parte 2-5

Bolivia y el Mar. Parte III: La Guerra del Pacífico

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Bolivia y el Mar - Parte 3-2El estallido del conflicto encontró a Chile con las fuerzas armadas reducidas a menos de tres mil hombres y la mayoría de los buques de la escuadra inhábiles para entrar en combate, en su mayoría amarrados en Valparaíso en estado de desarme, incapaces de prestar servicio por las pésimas condiciones del casco y calderas.

Rotas las hostilidades, se hizo sentir la falta de oficiales para armar las unidades que se incorporaron al servicio; se echó mano de pilotos de la marina mercante, que aún con una gran experiencia en el mar, naturalmente carecían de la instrucción de los oficiales preparados especialmente para la guerra. El Ejército de Chile, de General a tambor no sobrepasaba de los 3.100 soldados, muchos de los cuales se encontraban en la zona de la frontera del Bío Bío, para mantener a raya las esporádicas incursiones de grupos de araucanos sobre la población civil.

LA REOCUPACIÓN DE ANTOFAGASTA

El amanecer del 14 de febrero de 1879, lucía el sol en un cielo sin nubes en la bahía de Antofagasta. Al amanecer de ese glorioso día, ingresaron a la rada más buques chilenos, la población, compuesta por más de un 85% de chilenos, corrió a los muelles y playas para dar la bienvenida a los buques. El “Cochrane” y la “O’Higgins” fondearon a babor y estribor del “Blanco Encalada”, que desde hacía varias semanas se encontraba surto en la bahía. Al poco rato, se desprende del “Cochrane” un bote de doble bancada, que conduce a tierra al capitán de ejército Don José M. BORGOÑO. El capitán BORGOÑO, se dirige al edificio de la Prefectura (Gobernación) y entrega al Prefecto boliviano Don Severino ZAPATA, la siguiente comunicación:

“Antofagasta, 14 de Febrero de 1879.

Señor Prefecto: Considerando el Gobierno de Chile roto por parte de Bolivia el Tratado de 1874, me ordena tomar posesión con las fuerzas de mi mando, del territorio comprendido al sur del grado 23 de latitud. A fin de evitar todo accidente desgraciado, espero que Ud. tome las medidas necesarias para que nuestra posesión sea pacífica, contando Ud. con todas las garantías necesarias, como asimismo sus connacionales. Dios guarde a Ud. Emilio SOTOMAYOR Coronel del Ejército de Chile”.

Instantes después, el teniente coronel Don José Antonio VIDAURRE desembarca con 100 hombres del Regimiento de artillería de marina y el capitán Don Exequiel FUENTES con otros 100 hombres del Regimiento No 1 de Artillería. El coronel Don Emilio SOTOMAYOR, Comandante en Jefe de las Fuerzas, las conduce a la plaza Colón y la forma en batalla, frente al edificio de la prefectura. Antofagasta vuelve a la soberanía de Chile, sin disparar un solo tiro.

El coronel SOTOMAYOR hace ocupar los poblados de Caracoles y Salar del Carmen con 70 hombres a cargo del capitán Don Francisco CARVALLO; envía al blindado “Blanco Encalada” a resguardar los intereses chilenos en Cobija y Tocopilla; en tanto, la corbeta “O’Higgins” fondea en la rada de Mejillones. El Capitán de Corbeta Don Francisco Javier MOLINAS, es nombrado Gobernador Marítimo y Capitán de Puerto de Antofagasta, restableciendo en este acto las potestades Administrativas de la Autoridad Marítima chilena.

He aquí una demostración clara de la voluntad política y moral que tuvieron nuestros abuelos al hacer respetar, con el empleo de todos los medios de la Nación, el justo y cabal cumplimiento de los Tratados Internacionales ratificados por nuestro país.

LA GUERRA DEL PACÍFICO

La guerra fue de un costo sumamente oneroso para Chile, comenzando con la campaña en el mar, en que después del Combate Naval de Iquique, el país se vuelca a los cuarteles para enrolarse voluntariamente en los regimientos que se formaban para ser enviados como refuerzo al norte; es así que se movilizó un ejército expedicionario que llegó a más de 55.000 soldados acompañados fielmente por la mujer chilena transformada en cantineras y enfermeras.

Después del triunfo en la batalla de Angamos, en que se logra el dominio del mar, comenzó la campaña de Tarapacá, que culmina con la ocupación de Iquique por las fuerzas chilenas. Empezó entonces la campaña de Tacna y Arica, que culminó con la hazaña del asalto y toma del morro de Arica y con el triunfo de nuestras fuerzas. Después de la batalla de Tacna, el 26 de mayo de 1880, Bolivia abandonó definitivamente a su aliado, que había sido involucrado en la guerra por el anteriormente analizado incumplimiento, por parte del país altiplánico, del Tratado de 1974, dejando sólo a Perú en este conflicto armado. Fue su propio Presidente de la República, Don Narciso CAMPERO, quien al mando de su ejército derrotado ordenó la retirada de su país de la guerra.

Chile continúa su avance hacia el corazón del Perú en la campaña de Lima, que culmina con el gallardo ingreso de nuestras tropas a su capital el 17 de enero de 1881. La resistencia de algunos valientes militares peruanos hace necesaria continuar las acciones de combate en la campaña de la sierra o campaña de la Breña, que culminó con la derrota absoluta de las fuerzas peruanas, en la batalla de Huamachuco, el 10 de julio de 1883. Fue entonces nuevamente el turno de la diplomacia y las armas callaron en los campos de batalla y los viejos estandartes volvieron vencedores a la Patria, a la cabeza de los heroicos batallones que cruzando bajo arcos triunfales, recibieron el agradecido reconocimiento de sus compatriotas. Consecuentemente, llegó el momento de construir una nueva relación entre los beligerantes, es así como en el caso de Perú se firma el tratado de Ancón el 20 de noviembre de 1883, precursor del tratado de Paz de 1929, que es materia de otro análisis político estratégico particular, que espero abordar próximamente, y en el caso de Bolivia se llega al pacto de tregua del 4 de Abril de 1884.

Cuando habían transcurrido largos 24 años desde la última vez que fuerzas chilenas y bolivianas se enfrentaron en batalla, se firma el tratado de paz del 20 de octubre de 1904 entre ambos países el que en sus primeros artículos establece:

“Artículo 1º. Restablécense las relaciones de paz y Amistad entre la República de Chile y la República de Bolivia, terminando, en consecuencia, el régimen establecido por el pacto de tregua.

Artículo 2º. Por el presente tratado, quedan reconocidos del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por éste en virtud del artículo 2º del pacto de tregua de 4 de Abril de 1884.

El límite de sur a norte entre Chile y Bolivia será el que se expresa a continuación:”

Los límites allí fijados exhaustivamente, son los que hasta la fecha Chile ha respetado y ninguno de ellos considera costa en el mar para Bolivia.

Es decir, existe desde hace más de 108 años un tratado Internacional, jurídicamente vinculante, plenamente vigente y que fue debidamente ratificado, de acuerdo al procedimiento establecido por ambas naciones en uso de su potestad soberana.

Como reflexión final sólo se puede concluir que no existe un tema de límites pendiente con Bolivia, como tampoco lo existe con Perú.

Un tratado internacional es por naturaleza una relación jurídica entre las partes que las obliga a cumplir y respetar las cláusulas de ese acuerdo que estableció sus derechos y deberes. Cabe destacar lo que decreta la convención de Viena sobre derecho de los tratados en la expresión “Pacta suntServanda” que etimológicamente significa que los tratados deben ser “cumplidos de buena fe”; esta expresión se menciona en el preámbulo y está plasmada en el artículo 26 de la mencionada convención (tratado internacional multilateral). En cuanto a la buena fe, este principio constituye uno de los pilares de todo régimen jurídico “al poner límites a la discrecionalidad de los estados en el ejercicio de sus competencias soberanas”.

En resumen, Bolivia nunca tuvo acceso soberano al mar ni por herencia ni por historia y cuando pudo haberlo tenido, quebrantó el vínculo que fue el tratado bilateral de 1874, volviendo por propia decisión a su histórica mediterraneidad, lo que quedó clara y definitivamente acordado en el tratado de 1904. Es decir, no ha perdido 400 kilómetros de costa sobre el océano Pacifico por culpa de Chile, sino que es el resultado de su propio quebrantamiento de los tratados internacionales, que se lo podrían haber permitido.

A la fecha de envío de este artículo, el 30 de abril de 2013, no está claro si la corte internacional de justicia aceptará esta solicitud más allá de toda lógica jurídica, en que se solicita a esa corte que le exija a la parte demandada (Chile) que le otorgue una salida soberana al mar al demandante (Bolivia) por tener derechos expectaticios, es decir, los ofrecimientos de Chile a Bolivia mediante las gestiones que se han hecho en los últimos años para mejorar las relaciones, salvar injusticias o superar diferencias.

En un juicio de autoridad quiero recordar a Jorge SANTAYANA que dijo: “Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”.

Es de esperar que nuestra diplomacia sea lo suficientemente clara y eficaz, para evitar la escalada del conflicto y no tengamos que llegar a tener que imponer el derecho que exigen los tratados internacionales, como lo tuvieron que hacer nuestros abuelos en 1879.

Bolivia y el Mar - Parte 3-3

 

 

 

 

Carta del Desierto de Atacama. Plano adjunto a la obra Basada en los estudios del Ingeniero don Augusto Villanueva G. y otros viajeros. “Noticias del Desierto y sus recursos”. Oficina Hidrográfica de Chile, marzo de 1879. (Cartografía Histórica depositada en el Archivo del SHOA).