Fundammento II - 7

¡A  AMÉRICA!

En España, una vez consolidada la nacionalidad y el Estado, firme ya para encarar otros fines, comienza la expansión. Aragón hacia el sur de Francia e Italia. Castilla extenderá su poder hasta los más recónditos confines del globo como monarquía universal con Carlos I (nieto de los Reyes Católicos, 1527-1556) quien además, asume la corona imperial alemana como Carlos V.

En 1492, se produce el descubrimiento de América por Colón, el cual toma posesión en nombre de los Reyes Católicos. Comienza entonces la conquista y evangelización de América. Pero no sólo llegan soldados y eclesiásticos, sino también los castellanos traen su modo de vida, introducen nuevas especies animales y vegetales, crean industrias, fundan colegios y universidades, traen la imprenta y enseñan a los aborígenes manualidades y otros oficios en los cuales, los naturales destacan por su gran habilidad y maestría.

En cuanto a Chile, esta región declarada Capitanía General, dependiente del Virreinato del Perú, es fundada por Pedro de Valdivia, después de la expedición terrestre de Diego de Almagro, que en 1535 toma posesión de Chile en el valle de Copiapó. Francisco Pizarro fue autorizado por Carlos V para conquistar y poblar la región y aquél autorizó a Valdivia para realizar la empresa, pero sin otorgarle financiamiento.

Fundammento II - 2Es preciso hacer el alcance, en estricto rigor, el descubrimiento de Chile ocurrió antes del viaje por tierra de Almagro en el año 1535. En efecto, Hernando de Magallanes, descubrió por mar la Boca Oriental del Estrecho que lleva su nombre, el 21 de octubre de 1520. A principios de noviembre, los buques de Magallanes navegaron el Estrecho que bautizó como Estrecho de Todos los Santos. Navegando hacia el Oeste, el 27 de noviembre de ese año, los tres buques que aún conservaba, se adentraron en el Pacífico.

Hernando de Magallanes encontró la ruta hacia las islas de las especias y había descubierto el extremo sur de Chile.

Poco después de Almagro, Valdivia funda Santiago del Nuevo Extremo el 12 de Febrero de 1541. Así comienza la historia de Chile. Aquellos que se interesen en los detalles de nuestra historia fundacional y republicana hasta 1861, se les recomienda el libro “Historia de Chile”, tomos I y II, de Jaime Eyzaguirre y “Fisonomía histórica de Chile”, del mismo autor.

Hasta aquí, una breve semblanza de historia general, necesaria, sobre los orígenes de nuestra cultura. En el próximo tema veremos como estas características culturales se hacen carne en nuestro pueblo y, a través del ingreso permanente de soldados castellanos y de otras regiones de España, para combatir en “el Flandes Indiano”, como se denominó a Chile por su estado de permanente guerra contra los aborígenes mapuches, se sentaron las bases de nuestra nacionalidad e idiosincrasia insular.

 

HISTORIA Y VOCACIÓN DE HEROÍSMO

Fundammento II - 3En el tema anterior, vimos una síntesis del desarrollo de la cultura cristiano-occidental, con la cual el conquistador castellano llega a estas tierras, con una impronta barroca, después de siglos de combate contra los musulmanes, y traspasa a las generaciones posteriores en estas latitudes, esas raíces culturales tales como el idioma, las artes, la religión, la filosofía, el derecho, la arquitectura, el sistema de organización militar, social y gubernativo, el sentido del honor, la fidelidad, etc.

Fundammento II - 4Efectivamente, el historiador Jaime Eyzaguirre plantea que la vocación de España en esa época era “la concepción católica de la vida y el ideal de la unidad europea bajo este signo”. De esta concepción aún medieval que hace que el caballero cristiano ponga esos ideales al servicio de Dios, los castellanos se lanzaron a conquistar y evangelizar América, ansiosos de gloria, fama y con la esperanza, los empobrecidos hidalgos peninsulares, de construir un nuevo hogar en estas tierras.En el tema anterior, vimos una síntesis del desarrollo de la cultura cristiano-occidental, con la cual el conquistador castellano llega a estas tierras, con una impronta barroca, después de siglos de combate contra los musulmanes, y traspasa a las generaciones posteriores en estas latitudes, esas raíces culturales tales como el idioma, las artes, la religión, la filosofía, el derecho, la arquitectura, el sistema de organización militar, social y gubernativo, el sentido del honor, la fidelidad, etc.

Es Pedro de Valdivia quien escribe sobre Chile a su soberano, Carlos V, refiriéndose como a una nueva patria: “Esta tierra es tal, que para poder vivir en ella y perpetuarse, no la hay mejor en el mundo;” Así, después de Valdivia, llegan ingentes refuerzos para sostener la Guerra de Arauco durante siglos con un alto costo en vidas hispanas y aborígenes, no comparables con la conquista de otras regiones de América. Tanto es así que a Chile, el sacerdote e historiador Diego de Rosales, en el siglo XVII, le llamó el “Flandes Indiano”, por su condición de permanente guerra contra los naturales y el desgaste permanente de recursos humanos y materiales.

La Guerra de Flandes o de los ochenta años fue un conflicto político religioso de secesión entre los Países Bajos y el Imperio español de Felipe II, iniciado en 1568 y que terminó en 1648 con el reconocimiento de la independencia de las siete Provincias Unidas, hoy conocidas como Países Bajos (u “Holanda”). Bélgica y Luxemburgo formaron parte de las provincias de ese entonces que permanecieron leales a la corona española.

¿Y quiénes llegan a esta tierra en estado de guerra casi permanente donde se mezcla el heroísmo, la gesta caballeresca, el espíritu libertario de los aborígenes, las pasiones, la muerte, la esclavitud y la difícil labor de los sacerdotes para evangelizar a los indígenas y contener las bajas pasiones y excesos de algunos conquistadores que llegan, la mayoría sin familia?

Pues, los hidalgos empobrecidos de España que vienen en busca de fama y fortuna.

Fundammento II - 5Siguiendo con nuestro autor, Jaime Eyzaguirre, el hidalgo o fijosdalgo (fijos de bien) es aquél que tiene una herencia de bien, que vive la virtud sin que prevalezca sobre ésta otras consideraciones humanas como la nobleza hereditaria, el poder o el dinero, características que lo diferencian del gentleman anglosajón donde es básico, para ser tal, tener apellido y dinero. Para Eyzaguirre, el hidalgo es la representación del honor y forma de vida medieval y el gentleman es la personificación y los nuevos valores de los tiempos modernos.

En Chile se produce el mestizaje, dando forma a un nuevo tipo de hombre, diferente a otros de Iberoamérica. Respecto a este nuevo tipo racial de chileno, Mario Sznajder, en su artículo “El problema mapuche en Chile” afirma lo siguiente respecto a la obra de Nicolás Palacios: “Tomemos como ejemplo la explicación de la victoria chilena en la Guerra del Pacífico 1879-1883 que nos entrega Nicolás Palacios – oficial y médico militar en aquella contienda en su libro, La Raza Chilena, publicado a principios de este siglo (se refiere al siglo XX) y considerado como una de las obras centrales del nacionalismo moderno chileno. Palacios presenta una tesis racial que explicaría la victoria chilena en esta guerra. La tesis se basa en la superioridad del chileno sobre el peruano y el boliviano, superioridad derivada de la miscigenación (mezcla) de dos razas guerreras, la godo-española (el elemento gótico-germano que supuestamente componía gran parte de las poblaciones del norte de España), probada su destreza militar en la larga guerra contra los musulmanes que culmina el mismo año 1492 en el que comienza la segunda larga guerra, la conquista de América, con los araucanos chilenos, el grupo indígena que más resistió la penetración europea en América. Del encuentro de las dos razas aguerridas se crea el ‘roto chileno’, personaje central de la Guerra del Pacífico”.

A la luz de estos antecedentes podremos entender el desarrollo de la vocación Guerrera y heroica del chileno, mucho antes de ser república independiente. No olvidemos que el primer ejército regular permanente de Hispanoamérica fue el del Reino de Chile, creado por Real Cédula de enero de 1603, solicitado por el Gobernador Alonso de Ribera, Capitán General de Infantería y veterano de la Guerra de Flandes.

Es larga la relación de hechos heroicos y entrega cívica de civiles y de nuestras Fuerzas Armadas a lo largo de la historia republicana del país, de tal manera que las características de nuestra forma de ser no han surgido de la noche a la mañana y como por arte de magia. Esa herencia representa siglos de sacrificio, abnegación y tradición que nos han entregado aquellos que nos han precedido.

Así pues, nuestra identidad cultural está definida por todo ese bagaje histórico que hemos heredado y que ha sido corroborado por esa trayectoria de abnegación y heroísmo de nuestros antepasados. Cuando hablamos de identidad cultural estamos refiriéndonos a cuán afectos nos sentimos a determinada forma de ser, cuán profundo tenemos arraigado ese sentido de pertenencia o participación a nuestra nacionalidad y todo lo que ella significa en el sentido de encontrarnos en determinado lugar, tener apellidos que esta tierra ha escuchado por cientos de años, conocer nuestros antepasados y costumbres, descubrir los vínculos reales con lugares y personas reales que nos unen con el tiempo pretérito donde se forjó nuestra identidad como chilenos y que aún continuamos enriqueciéndola nosotros. La identidad cultural es lo contrario al desarraigo cultural que está representado por el olvido, ignorancia, abandono o vergüenza que una persona experimenta por sus orígenes.

Todos nosotros tenemos de qué sentirnos agradecidos al estar vinculados a la experiencia de las generaciones que edificaron nuestra Nación.

No olvidemos que las ideologías y sectas tratan por todos los medios de desarraigar nuestra verdadera cultura para suplantarla por otra forma de ser que va en sentido contrario al orden natural y que lleva a algunos connacionales a denigrar la historia patria con argumentos hábilmente dirigidos a borrar de la conciencia popular el orgullo de ser chilenos y haber logrado con sangre, sudor y esfuerzo la libertad y el desarrollo que ahora tenemos.

Debemos ser profundamente críticos ante esas posiciones que tienden a hacernos sentir culpables por actitudes históricas, muchas veces deformadas, exageradas y falseadas, cuyo objetivo es crear una leyenda negra más, entre otras, para adormecer nuestro sentido cultural de pertenencia y así poder ser presa fácil del desarraigo cultural, religioso y promover la orfandad doctrinal.

Fundammento II - 6No olvidemos el antiguo decir: “Las cosas por sabidas se callan y por calladas se olvidan”. Para evitar el desarraigo, debemos ser estudiosos de nuestros fundamentos culturales y de la historia nacional y naval a través de filósofos e historiadores serios, imparciales y calificados moralmente.

Debemos conocer y practicar nuestra religión cristiana que tiene más de veinte siglos. Debemos cultivar el estudio de la Ética y desarrollar las virtudes patrióticas. Debemos conocer nuestros ancestros, por ejemplo, averiguar la vida de nuestros abuelos y así, para atrás, con el propósito de mantener esa raigambre familiar que nos proporciona un sentido seguro y conocido para edificar nuestra felicidad en la tierra. Debemos considerar que cualquier defecto en nuestros connacionales no es una limitación racial sino producto de desarraigo, ideologización o falta de cultura.

La cultura que debemos tener constituye una responsabilidad personal y debe ser congruente con nuestra historia. Para eso, debemos ser honrados con nosotros mismos y no caer en el error de cultivar valores ajenos a nuestra vocación cívica. En ese sentido, es muy importante lo que se habitúa a ver por los medios de difusión como la televisión, películas y libros. Podríamos parafrasear el dicho “dime con quién andas y te diré quién eres”, diciendo, ”dime lo que habitualmente ves y lees y te diré lo que piensas”.

*Texto tomado y adaptado por su propio autor del libro “Ethos Naval. Tradición y Doctrina”. Leandro Muñoz Pino. RIL Editores. Santiago de Chile. 2010.