La Etica en la Ley Humana - Parte II   3

 

La ley humana, fundada en la ley natural, regula entonces la vida de una comunidad.

Tomás de Aquino presenta la “ley natural” como la base desde la cual se extraen los fundamentos de la sociedad y, en el interior de ésta, la función del gobierno y las del que lo dirige.

Debido a la naturaleza del hombre, éste es un animal que debe vivir en comunidad, ya que lo que le falta en autarquía, a diferencia de los irracionales, lo suple mediante su razón, que procede a partir de principios universales y por la cual aporta al orden social y político una parte de lo que necesita, complementándose con el aporte de los otros hombres.

El vivir en comunidad obliga a los hombres a tener una potestad que coordine  y regule los esfuerzos encauzándolos hacia el bien común de todos los integrantes. Debido a que dentro de esta comunidad habrá hombres que no se ordenen rectamente al mencionado bien, será preciso establecer un principio de gobierno que los dirija y que busque el bien común, y no el provecho propio ya que esa deformación lo convertirá en un gobierno injusto.

Es así como Tomás de Aquino expresa que hay dos obligaciones fundamentales que el gobernante debe cumplir para conducir al pueblo a la felicidad:

a) Ordenarlo todo mediante la ley hacia la práctica de la virtud.

b) Obtener suficiente cantidad de bienes materiales, como un medio, para que se dé lo anterior, fundamentalmente la unidad,  de la que se deriva la paz.

Acerca de la esencia de la ley, en general, el Aquinate la define como una “ordenación de la razón al bien común, promulgada por aquél que tiene a su cuidado la comunidad “.

La Etica en la Ley Humana - Parte II   4La ley es una ordenación de la razón ya que su existencia se basa en consideraciones que la justifican. Lo contrario sería una orden arbitraria apoyada sólo en el capricho de quién la emite.

La ley debe ser promulgada, es decir, dirigida en primer lugar, a informar a la inteligencia, ya que no obligará si no es conocida.

La ley tiene como meta el bien común. Quiere decir que la ley ordena los actos de todos tomando como fin un bien también común a todos.

La ley la debe dar sólo el que tiene a su cargo la comunidad, aquél que le corresponde encauzar al pueblo hacia el bien común.

En primer lugar, para Tomás de Aquino, está Dios y, luego, todos aquellos que El ha dotado de potestad.

La ley humana tendrá un carácter secundario, pero es necesaria y útil por sus propiedades ordenativas y disciplinarias, que llena el vacío entre los principios generales

de la ley natural y el quehacer específico del hombre viviendo en sociedad. Al respecto, Tomás de Aquino cita a san Isidoro: ” las leyes humanas se hicieron para que por temor a ellas se refrenase la audacia, y para que estuviera segura la inocencia en medio de los malvados, y para que en los mismos malvados se coartara la capacidad de hacer el mal, por temor al castigo”. Y ya que estas cosas son tan necesarias al género humano, fue necesario poner leyes humanas”.

La ley humana sacará entonces su fuerza de la ley natural y sólo tendrá el carácter de ley en tanto esté conforme a la razón. De ahí que Tomás de Aquino afirme:

“Por consiguiente, toda ley humana tendrá carácter de ley en la medida en que se derive de la ley de la naturaleza; y si se aparta en un punto de la ley natural, ya no será ley, sino corrupción de la ley”.

De ahí que el Aquinate, citando a san Isidoro, describe la ley así : ” Una ley honesta, justa, conforme a la naturaleza, de acuerdo con las costumbres patrias, conveniente, necesaria, y útil según los tiempos y lugares; y bien clara, para que no vaya a contener algo capcioso por su oscuridad; escrita no para el provecho de algún particular, sino para el bien común”.

En cuanto a la naturaleza de la ley humana, Tomás justifica su necesidad también, debido a que no todos los hombres fácilmente se inclinarían al verdadero bien y de ahí que sea necesario una norma que discipline, aclare y oriente a la virtud al posible transgresor para el bien de su alma y la armonía del conjunto social.

Surgen dos consecuencias importantes al analizar la naturaleza de la ley humana: una de ellas es que la ley humana se concreta en diversas modalidades de aplicación de la ley natural, es decir, el legislador deduce de los principios universales de la ley natural las leyes particulares necesarias para la sociedad humana. La otra, es que resulta obvio que el que sigue la ley natural está preparado o bien dispuesto a aceptar y acatar la ley humana.

De tal manera presentada la ley, nos encontramos con que los efectos de ésta son básicamente dos: el primero es que la ley pretende hacer virtuosos a los hombres y que, por consiguiente, sus actos vayan encaminados hacia la consecución del bien común. Así, quién cumple la ley con ese espíritu, es un hombre virtuoso. Tomás de Aquino agrega al respecto que, si un gobernante no buscase accidentalmente el bien común, sino el de un régimen, el que obedeciese esa ley, sería bueno sólo en relación a ese régimen pero se alejaría de ser necesariamente un hombre virtuoso.

Así, Tomás de Aquino determina que hay cuatro alcances de la ley: actos preceptivos, en que la ley norma la realización de obras necesarias para el bien común; actos prohibitivos, cuando inhibe lo que es malo para la sociedad; actos permisivos, en los cuales se concede libertad de elección en aquéllos que son inocuos para el bien común y finalmente, actos punitivos, cuando se emplea el temor al castigo para restringir las malas acciones que atenten contra la sociedad.

Siguiendo con la lógica de  Tomás de Aquino, si la ley humana tiene por misión normar actos determinados del hombre, impuestos por la ley natural, con vistas al bien común, estas leyes obligarán en la medida en que son justas, aun cuando signifiquen una carga muy pesada para el ciudadano. Surge pues, la pregunta ¿qué es una ley justa?, o más bien, cuales son los lineamientos que da Tomás de Aquino respecto de una ley justa y una injusta.

Al respecto, Tomás de Aquino fija el alcance de la ley  en lo que respecta a este tema de la ley justa y se pregunta si la ley humana obliga al hombre en conciencia o si sólo se deberá cumplir por la conveniencia en hacerlo o por temor al castigo, al no hacerlo.