Falacias 1

PRECISANDO LOS TÉRMINOS

La palabra falacia suele designar cualquier error, simplemente una idea o juicio falso. Lo mismo ocurre con su sinónimo, sofisma. Pero en lógica conviene distinguir y precisar el lenguaje.

Se llama paralogismo a la argumentación cuyas premisas son verdaderas; pero como tiene un defecto en su forma, queda invalidada su capacidad demostrativa. Hemos estudiado ya esos errores formales, denunciados por las ocho reglas del silogismo. Se llama demostración errónea a la que procede de premisas falsas, cuya forma, sin embargo, es correcta.

La falacia o sofisma consiste en una argumentación que aparenta ser verdadera y correcta, pero es falsa o bien incorrecta, o ambas cosas a la vez y que supone mala intención en quien la usa. Por ello, denunciar una falacia o sofisma es una acusación moral; no así, en cambio, denunciar un paralogismo o una demostración errónea. Aunque en el lenguaje vulgar se suelen confundir estas situaciones, en lógica y en moral es forzoso distinguirlas.

Lo mismo significa la palabra sofisma. Ésta se deriva de sofista, sabio, en griego. Mas, a partir de los profesores que pululaban en Atenas en tiempos de Sócrates, Platón y Aristóteles, mercaderes de una sabiduría meramente aparente, retórica, engañosa, que prometía lo que no podía dar, el término cambió su significación por la actual. Los historiadores contemporáneos han empezado a reconocer algunos méritos en los sofistas antiguos: eran dedicados profesores e hicieron estudios sobre el lenguaje y la retórica de indudable valor. Sin embargo, Platón tiene razón al denunciar sus procedimientos; por lo que su desprestigio permanece hasta hoy.

Los textos de lógica traen gran cantidad de sofismas o falacias, algunos muy ingeniosos y difíciles de descubrir, otros más ingenuos y fáciles de detectar. Se ha tratado de clasificarlos, mas no es fácil descubrir de cuántas maneras puede ser engaña la inteligencia.

LAS FALACIAS MÁS COMUNES

Aristóteles las clasificaba en dos grandes grupos:

Falacias en la dicción: aquéllas cuyo engaño radica en la palabra o término empleado.

Falacias fuera de la dicción: aquéllas cuya falsedad se halla en la cosa significada.

No nos preocuparemos de esta clasificación sino que nos limitaremos a entregar una breve lista de falacias que nos permitirán formarnos una idea de las artimañas con que puede engañarse a la mente.

1. Equivocidad

2. Composición y división.

3. De accidente

4. Ignorantia elenchi

5. Petición de principio o círculo vicioso.

6. Post hoc, ergo propter hoc.

7. La pregunta compleja

8. Ad hominem (Ad baculum; ad ignorantiam; ad misericordiam; la falsa autoridad)

1.- Equivocidad.

Es el engaño en la significación. Se cae en este sofisma cuando se emplea un término equívoco, es decir, de varias significaciones, sin mantenerse fiel a una de ellas.

La democracia es favorable a la libertad

la URSS es un democracia

la URSS es favorable a la libertad.

En este ejemplo cometemos un error en la premisa mayor, puesto que la democracia designa un sistema político que entrega todo el poder al pueblo, al conjunto de los ciudadanos y sólo a ellos. Por lo cual nada dice sobre la libertad. En occidente, a partir de fines del siglo XVIII, es establece un régimen liberal que se ufana de ser el único capaz de otorgar libertad a los ciudadanos. Con el tiempo, este régimen se fue haciendo demócrata, por lo que suele ser llamado democracia liberal. Pero se suele olvidar quese trata de dos conceptos distintos que se han unido en algunos países durante el siglo XX. El sofisma está es atribuir la democracia liberal a la URSS. No hay que olvidar que, en ese imperio, el pensamiento del pueblo se expresaba en y por el partido comunista, el cual debe obediencia ciega a sus jefes. El resto de los ciudadanos parece que no pertenecían al pueblo. Se está, pues, hablando de dos realidades diferentes designadas por un sólo término.

Si la equivocidad afecta a toda la proposición, se llama falacia de ambigüedad. Si decimos: el sostén del pueblo es necesario. ¿Queremos decir que el pueblo sostiene al gobierno o que el pueblo es sostenido por el gobierno? Si decimos: nada hay mayor que el amor de Dios. ¿Nos referimos al amor que Dios nos tiene o al que nosotros sentimos por Dios?

Tanto la equivocidad como la ambigüedad son fuente de continuas confusiones. Por ello hay que estar atentos al significado correcto de cada palabra y de cada frase. Si descubrimos algunos de estos defectos, hemos de fijar cuidadosamente el sentido antes de seguir adelante. Por eso los filósofos insisten en la necesidad de definir los términos que se emplean.

La ambigüedad es también llamada anfibología, es decir, dos conceptos en un mismo término.

Son famosas las ambigüedades de los oráculos griegos. Se dice que los jóvenes preguntaban al oráculo su destino antes de marchar a la guerra. La divinidad respondía: irás a la guerra y regresarás nunca en la guerra perecerás. ¿Dónde hay que poner el punto: antes o después de nunca? Hay que observar que en la antigüedad no se usaban los puntos ni las comas. Además en nuestra versión al castellano, resulta forzada la frase si ponemos el punto después del nunca; lo que no ocurre en el idioma original.

2. Composición y división.

Hay proposiciones que son verdaderas en un sentido, pero no en otro. Normalmente las entendemos de modo correcto. Pero, a veces, no es tan fácil advertir cuál es el sentido correcto. Los cómicos suelen hacer uso de este truco.

Si digo: los chilenos son curiosos, es obvio que me refiero a cada chileno en particular, a cada uno de ellos (sentido dividido). Si digo: los chilenos son pocos, no me refiero a cada uno en particular, sino a toda la colectividad que es referida a comunidades más numerosas (sentido compuesto o colectivo). En un raciocinio debo usar el término siempre en el mismo sentido. Si sostenemos que, de todas las bombas usadas en la segunda guerra mundial, las que provocaron mayor número de muertos fueron las atómicas; hemos de entender tal proposición en sentido dividido. Efectivamente, una bomba atómica es más destructiva que cualquier otra. Pero si la tomamos en sentido colectivo, las de otros tipos, mucho más usadas desde el comienzo de la guerra, provocaron una destrucción mucho mayor.

Veamos un raciocinio que incurre en esta falacia:

puedo caminar y no caminar

caminar y no caminar es imposible

puedo algo imposible

La mayor se comprende en sentido dividido, en un momento camino, en otro no; la menor en sentido compuesto: al mismo tiempo. Es fácil advertir la trampa.

3. De accidente

En este sofisma se engaña a la inteligencia en la comprensión del sujeto. Incurrimos en ella cuando lo que se afirma del accidente o predicado, se afirma del sujeto, o bien, lo que se niega del accidente se niega del sujeto.

La selección natural escoge lo mejor

escoger lo mejor es inteligente

la selección natural es inteligente

Según la teoría de la evolución, ésta es producida por fuerzas ciegas y azarosas, por mera casualidad; la selección natural se limita a conservar la que tiene éxito. No es inteligente, es tan solo un proceso natural. Sin embargo, sus partidarios no pueden dejar de considerarla inteligentísima. Por mera falacia. El mismo Darwin reconoció que se había equivocado al escoger el nombre, ya que solo un ser inteligente puede seleccionar…

4. Ignorantia elenchi

Con esta expresión latina, que significa ignorar el argumento, se nombra a una falacia muy común. Simplemente se argumenta sobre un aspecto que no es atingente a lo que está en discusión. Se evita demostrar la conclusión que no se nos acepta acudiendo a otro aspecto de la cuestión. Un abogado, por ejemplo, que en vez de demostrar que el acusado cometió el delito, insiste en la gravedad del mismo que no puede quedar sin castigo. Los políticos, en vez de demostrar que tal iniciativa favorece a los pobres, insisten en la necesidad de remediar la pobreza. El verdadero problema radica en si tal iniciativa va a remediarla efectivamente. Pongamos dos ejemplos bien claros. Si se bajan los aranceles o el precio del dólar, ingresan al país productos más baratos para que el pueblo los pueda comprar. ¿Y si las fábricas quiebran y los obreros quedan cesantes? Si suben los salarios, los trabajadores tienen mayor poder de compra. ¿Y si las fábricas suben sus precios para poder pagar esos mayores salarios?

5. Petición de principio o círculo vicioso.

Consiste en demostrar una conclusión en virtud de ciertas premisas y esas premisas en virtud de la conclusión anterior ya demostrada por ellas mismas. Demostrar que el hombre es inmortal porque ha de recibir un premio o castigo por sus acciones. Si no se me acepta la inmortalidad, probarla en virtud de que para recibir un premio o castigo, debe ser inmortal.

Estrictamente hablando, cuando el argumento se desarrolla completo, lo llamamos círculo vicioso, como en el ejemplo señalado; petición de principio, cuando la falacia es inmediata, sin desarrollarla como argumento: Aristóteles fue discípulo de Platón porque Platón fue su maestro.

6. Post hoc, ergo propter hoc.

Después de esto, por lo tanto, en virtud de esto. Consiste, pues, en confundir la anterioridad temporal con la causal. No basta la primera para estar seguros de la presencia de la segunda. Es muy común incidir en ella en las recetas médicas caseras y en las supersticiones. Cierta persona padecía de insomnio; dejó sus zapatos sobre la cama y se curó del insomnio (¿?). Me crucé con un gato negro y en la tarde me dolió la cabeza (¿?).

La relación causal es muy difícil de demostrar por lo que es muy conveniente ser muy cauto antes de establecerla. Es uno de los vicios más comunes y hasta connotados científicos han sido sus víctimas. Cierto estudiante quiso aplicar rigurosamente el método científico experimental. Bebió piscola y se emborrachó; roncola y le ocurrió lo mismo; probó whiskycola son el mismo efecto. Conclusión: la coca-cola emborracha.

Los lógicos emplean una locución más formal. Es la falacia de la falsa causa como causa; mas aquí hemos preferido el nombre latino que le dieron los medievales.

7. La pregunta compleja

Consiste en hacer una sola pregunta que involucra dos o más cuestiones por lo que se deberían hacer varias preguntas. Se deshace la falacia descubriendo todos los aspectos de la cuestión. Lo más común es dar por sentado algo que habría de probar. ¿Has dejado de beber bebidas alcohólicas? Esta pregunta supone sabido que estamos ante un bebedor. ¿Y si no fuera tal el caso? Por supuesto que no hay falacia alguna cuando lo que se da por sabido realmente es tal. ¿Por qué no viniste el domingo? Supone que ambos sabemos que debía acudir ese día.

La falacia, pues, consiste en la presión que se ejerce sobre el interrogado, o sobre los que deben aceptar nuestra interpretación, al impedirse cuestionar lo que está implícito. ¿Por qué copia Vd.? Pregunta el profesor al alumno. Supone, pues, que el delito está probado. ¿Por qué ocultó la evidencia? Pregunta el fiscal al acusado. Supone probado el delito.

8. Ad hominem

Este sofisma consiste en probar una verdad con un argumento que nada prueba, pero que sabemos va a ser aceptado por nuestro interlocutor. Es, tal vez, la falacia más usada y la más exitosa, ya que el afectado no se percata del engaño. Como lo que puede convencer a una persona o grupo de ellas varía al infinito, no es posible enumerar cuántas falacias de este tipo puedan usarse. Con todo hay ciertas formas que son universalmente reconocidas por su eficacia y, por lo mismo, muy usadas.

8.1 Ad baculum

Es decir, apelación a la fuerza, al castigo. Ya una fábula nos narraba que salieron de caza un león, una oveja y un cabrito. Cazada la presa, el león se quedó con todo: quia nominor leo, porque me llamo león. Durante la segunda guerra mundial, se reunieron en Yalta los tres grandes para decidir cómo se iban a repartir el mundo al final del conflicto. Se propuso que Su Santidad Pío XII participara en la reunión. Stalin preguntó: ¿Cuántas divisiones tiene el Papa?

La apelación a la fuerza puede ser perfectamente legítima, es la función propia del poder judicial, pero no demuestra la verdad o falsedad de ninguna proposición teórica. A pesar de ello, su uso en política es constante, especialmente en tiempo de elecciones: No vote por ese candidato, va a perder su voto.

8.2  ad ignorantiam

Toda ciencia es el fruto del esfuerzo humano por vencer la ignorancia. Parece increíble que una argumentación se funde en ella. Sin embargo es lo que se hace cuando se incurre en este sofisma. Consiste en dar por probada una proposición porque su contraria no lo ha sido. Es obvio que el hecho de que algo no ha sido probado, no nos permite declararlo falso. Solo cabe declararlo no probado; es decir, hipotético. Todas las teorías científicas tienen tal carácter; pero nadie las declara falsas por ese solo hecho. Lo mismo puede decirse de la situación contraria. No nos basta para declarar verdadera una tesis el mero hecho de que no haya podido demostrarse su falsedad.

Debemos dejar constancia, sin embargo, que hay una grave excepción a lo asegurado aquí. En la esfera judicial debe suponerse que todo hombre es inocente mientras no se prueba su culpabilidad. En virtud de este sano principio, puede el abogado defensor limitar su argumentación a la refutación de los indicios que lo incriminan. En seguida aplica el principio a su caso y declara inocente a su defendido. Observemos que estamos ante una verdad práctica, no teórica; de hecho, no de derecho. En ciencia no puede afirmarse proposición alguna si no se manifiesta su verdad; ya sea de modo directo e inmediato, como en el caso de los primeros principios de la razón y en los axiomas de algunas ciencias, ya sea de modo indirecto y mediato mediante los procedimientos de la demostración deductiva o inductiva. En caso de no haber pruebas apodícticas, se declara que estamos ante una mera hipótesis, todo lo sugerente que se quiera, como la teoría de la evolución universal, pero ello no nos autoriza para asegurar su verdad.

8.3.  Ad misericordiam

Es un llamado a la piedad. De este modo se desvía la atención del interlocutor, se lo conmueve afectivamente, hasta obtener su asentimiento. Falacia frecuente en juicios y en política; sumamente útil, por lo demás, porque son pocos los que pueden mantener la cabeza fría cuando se conmueven, por lo que se dejan convencer por los gemidos de la víctima y no se resisten a considerar que la justicia es fría e imparcial.

8.4.  La falsa autoridad

Nada hay más efectivo que apelar a la autoridad. Todos podemos libremente opinar, salvo que esté presente un experto en esa materia. Desde que lo sabemos, cambia nuestro tono y nos limitamos a preguntar en vez de pontificar sobre lo que, realmente, ignoramos. Por ello, para ganar una discusión, es una buena treta citar alguna autoridad reconocida por todos en apoyo de nuestra opinión. Sin embargo, la falacia se comete cuando se cita a una autoridad en un tema en el cual no es tal; como citar las opiniones filosóficas de una gran pianista. Es necesario, para que la autoridad lo sea, limitarse a su especialidad; en caso contrario, caemos en este sofisma.

En la propaganda comercial se usa en forma constante. Vemos a personas muy famosas ponderar las bondades de tal o cual producto del que ignoran prácticamente todo. Cuando el primer astronauta soviético, Yuri Gagarin, declaró con toda desfachatez, que no había encontrado en las alturas a ningún ángel ni ser divino ni cosa que se le parezca… Todavía hay quienes citan las opiniones religiosas de Charles Darwin, famoso por su teoría biológica. Pero este autor no se ocupó mucho en estudiar cuestiones religiosas. Simplemente las ignoró. Y cuando se refirió a alguna de ellas, manifestó su ignorancia.

* OSSANDÓN V, Juan Carlos. “Aprendiendo a pensar”. Editorial Monasterio Ltda. 2ª. Edición. Santiago. 2011.