Civilidad y Cultura 5

Civilidad y Cultura

La civilidad es el conjunto de virtudes que hacen que el ciudadano proceda con rectitud y respeto en el ambiente social y personal. Estas virtudes se llaman cívicas precisamente porque se emplean en la interrelación humana, necesaria y complementaria para el ser humano que proceda de cualquier cultura. En lo clásico y en la tradición occidental, la sociedad civil consiste en una asociación armónica y equilibrada de ciudadanos. Pero la armonía solo se da cuando existe civilidad, conducta cívica mutua entre los ciudadanos.

La palabra civismo se deriva etimológicamente del vocablo latino civis, y se refiere a un conjunto de ideas, sentimientos, actitudes y hábitos, materializados en el comportamiento de los individuos y grupos dentro de la comunidad política y dentro de la cual esta persona cumple con las normas y leyes de esa comunidad. Es aquí entonces cuando entran a jugar esas conductas que proceden de las virtudes cívicas como el respeto mutuo entre las personas, el cumplimiento cabal de las leyes legítimas, el orden ciudadano, la cortesía y respeto hacia la autoridad y las personas mayores, el respeto al Estado de Derecho por parte de los jueces, el cumplimiento de los compromisos escritos o verbales, la honradez pública y privada, etc.

Los deberes cívicos de los ciudadanos anteriormente enumerados se acrecientan de manera especial si se les llama a ocupar cargos de responsabilidad pública, pues entonces no sólo se les exigen los deberes indicados, sino que deben reunir también las cualidades necesarias: preparación y competencia adecuadas al cargo; honestidad, tanto económica como intelectualmente en su función, no defraudar ni engañar  los cuerpos intermedios (en los cuales se agrupa el pueblo); poseer, especialmente, un gran sentido de responsabilidad para no traspasar los límites de su autoridad y dar cuenta de su gestión a los representados.

El civismo es la cualidad obligatoria del ciudadano cabal pero este civismo debe fundarse no sólo en el hombre, ya que es una adhesión incondicional, no al Estado, sino al Bien Común, de aquí que uno de los deberes cívicos sea oponerse a las medidas políticas que se estimen perjudiciales a este Bien.

De tal manera se entiende el civismo que viene a ser la manifestación palpable de una sociedad que ha adquirido un cierto grado de cultura, constituyendo ésta, la expresión más fidedigna para juzgar el comportamiento de un pueblo. La carencia de civismo transforma a la sociedad en una horda de seres incivilizados con toda la secuencia de crueldades, injusticias, apetitos desordenados y conductas antinaturales.