Armas 4

Van juntos Honor y Verdad. Y así,

como lo dicta el Bien, Honor y

Deber se hermanan también.

Armas 3León Gautier, en “La Chevaliere” (1895), dijo que la consagración militar es: “la fuerza armada al servicio de la verdad desarmada”.

¿Proviene de esta idea el interés actual de las ideologías por promover la desmovilización ética del mundo castrense?

Dado los tiempos que corren respecto a la consagración militar, podemos afirmar que el patriotismo, como virtud ciudadana, es fundamental en el hombre de armas. Es una virtud eminentemente castrense por la cual se expresa el amor a la Patria que todo militar chileno ha jurado ante Dios el defenderla hasta el sacrificio máximo, es decir la ofrenda de la propia vida, acción que en justicia se le debe a la Patria.

Como toda virtud, la piedad patriótica o patriotismo se fortalece a través de la práctica y no de la mera retórica en tratados o discursos, lo cual no significa que se debe dejar de ilustrar y formar a las generaciones sobre el significado e implicancias prácticas y morales que involucra el deber del patriotismo. La palabra da a conocer, el ejemplo arrastra y la práctica concreta la virtud.

¿Dónde se legitima, si así pudiera decirse, el patriotismo y todas las otras virtudes militares? En el honor y en particular, en el honor militar.

En sentido general, el honor es el testimonio que da una persona o grupo, de la excelencia de alguien. Este testimonio puede concretarse por un reconocimiento de palabra, con acciones o a través de cosas exteriores a las cualidades meritorias o cargo que detenta otro. Todos estos son signos externos propios y necesarios a la condición humana.

Es necesario aclarar también la diferencia que existe entre este tipo de honor y la fama. La fama, que viene del griego femi (hablar), es la opinión favorable que se tiene de una entidad o persona. Si alguien tiene una conducta irreprochable, es justo que tenga una buena fama. Luego, la diferencia entre el honor y la fama es que el primero es la testificación (de palabra, por acción o por cosas exteriores) de la excelencia ajena y la fama es la opinión pública de esa excelencia. El honor se rinde al que está presente y es la manifestación de la fama. La fama se rinde al ausente y es el juicio que hacen los demás de nosotros.

Nos damos cuenta que hay una íntima relación entre el honor y la fama. El honor como resultado de la posesión de virtudes es el origen de la fama y esta última es la manifestación pública del honor como también la gloria, es el efecto del honor.

Relacionemos ahora estas virtudes con la virtud de la justicia. Sabemos que la virtud de la justicia es darle a cada cual lo que le corresponde según derecho propio.

Entonces, cada uno de nosotros hace justicia a Dios, a la Patria y cuando le da al prójimo lo que le corresponde, cumpliendo nuestro deber en cuanto al cargo que puede ostentar, como cristiano, hijo, esposo, padre, hombres de armas y ciudadano. Es de justicia entonces testimoniar el honor que al resto se le debe y el respeto a su fama. Esto como marco general.

El honor militar

El honor militar es la severa y vigilante fidelidad a las virtudes que nos llevan a cumplir estrictamente nuestro deber para con Dios, la Patria, consigo mismo y nuestros semejantes merecedores de ello. El honor es lo más grande que puede poseer un militar. Mantenerlo inmaculado es el deber sagrado para todo militar.

En otras palabras, el honor militar se sustenta en el permanente esfuerzo y logro en la tenencia y práctica de las virtudes por las cuales cumplimos nuestros deberes para con el Creador, con las exigencias que nos demanda la Patria y la Institución, para con nosotros mismos objeto conservar la propia estimación sin ánimo de vanagloria y para los semejantes que lo ameritan.

En el hombre de armas, el honor se concreta principalmente en el fiel cumplimiento del deber y sacrificio por la Patria, con una conducta personal intachable, constituyendo esto la fuerza moral más importante que debe poseer una institución castrense.

Es obligación de todo militar cultivar esta cualidad moral que lo llevará a tener una fama acorde con la alta dignidad y exigencias de la profesión, ganándose el respeto y

admiración, constituyéndose en ejemplo de confianza como compañero en el combate.

“La virtud es la causa legítima del honor”: Siendo el origen del honor la práctica estricta y sin claudicaciones de las virtudes, podremos dar una semblanza positiva y aproximada de un hombre de honor, el cual cumple principalmente en el reconocimiento delhonor del resto, reconoce y acepta la responsabilidad de sus errores y los intenta reparar a toda costa, es un celoso y vigilante guardián de la honra de Dios, de la Patria, de su Institución, de su familia y de sus compañeros de armas y mantiene y defiende con convicción los valores que debe sustentar, dado el cargo y la dignidad del uniforme que viste reflexionando continuamente sobre los lemas “Dios, Patria y Familia”; “Vencer o Morir” y “Gloria-Victoria” y los mantiene siempre vivos en su corazón.

De todos es conocido el asedio que sufren las FF.AA. para someterlas a una mera actividad funcionaria y es ahí donde el deber de Vigilancia es imperativo en quienes tienen cargos de responsabilidad ya que esa observancia les permitirá actualizar y mejorar la Institución sin tocar o menoscabar los principios morales que son sustentados por la tradición militar.

Al respecto, Alfredo Sáenz, en su obra “La caballería” (Editorial Gladius, 2009) nos advierte: “la consigna tanto liberal como marxista es inmovilizar a los cuadros militares en nombre del pacifismo y de otros mitos, para poder finalmente –como calculaba Lenin- asestar “el puñetazo al paralítico”. “La consigna del caballero se resume en una sola frase: batirse”. No habrá dialéctica ni sofisma, no habrá estrategia internacional ni bandas terroristas que puedan vencer a un ejército cuando sus hombres estén animados de esa pasión heroica y de esta fortaleza cristiana. A no ser que se piense que la victoria consiste en sobrevivir sin un rasguño o que el fin de la milicia es custodiar los directorios de las empresas multinacionales“, o de los intereses de las ideologías, agrego yo.

Como última reflexión y dada la flaqueza de la naturaleza humana, el honor puede perderse por propia culpa o responsabilidad, en forma pública o privada, al fallar el sustento moral sobre el cual se apoya y crece esta gran virtud, indispensable en todo militar. Al respecto, Santo Tomás de Aquino indica que la penitencia, como sacramento, recupera las virtudes porque es causa de gracia y de ésta fluyen las virtudes infusas y todas las otras.

Agrega que por el pecado el hombre pierde dos tipos de dignidad. Una es la de ser hijos de Dios, que se recupera por la penitencia. La otra es la dignidad de la inocencia, la cual ya no se recupera pero alguna vez recupera algo mejor, como cita a San Gregorio en su discurso “De centum ovibus”: “Los que meditan su alejamiento de Dios compensan los daños anteriores con las ganancias posteriores. Hay más alegría por ellos en el cielo, porque también el jefe ama más en la batalla al soldado que, después de haber huido, ataca fuertemente al enemigo, que a quien nunca dio la espalda, pero nunca atacó con valentía”.

En otras palabras, por el cristianismo sabemos que el honor perdido puede recuperarse a través de la gracia por el arrepentimiento en la penitencia sacramental y el resto de la vida dedicada a la reparación y al cultivo de las virtudes, base de un honor renacido. Y esto nos diferencia de otras culturas en las cuales, la única manera de conservar o lavar el honor es con el pago con la propia vida, vida otorgada por Dios y que el hombre no tiene derecho a cercenarla por propia mano para huir o dar satisfacción de algo, como ocurre en el suicidio, que en definitiva, es una renuncia.

Recordemos las inspiradoras palabras de Ricardo León, en “Casta de Hidalgos”.

“El honor, hijo mío, es una obligación viva y presente en la conciencia que nos inclina al cumplimiento del deber. Es la virtud por excelencia, porque en sí contiene a todas. El honor está por encima de la vida, de la hacienda y de cuanto existe en el mundo, porque la vida acaba en la sepultura, y la hacienda y las cosas que poseemos son bienes transitorios, mientras el honor a todo sobrevive, trasciende a los hijos y a los nietos y a la casa donde se mora, y a la tierra donde se nace y a toda la humanidad, y finalmente, como un eterno aroma de virtud, el honor es el patrimonio del alma, el depósito sagrado que Dios nos confía al nacer y que habremos de devolver intacto al morir; es la rectitud del juez, el heroísmo del soldado, la fidelidad de la esposa, los votos del sacerdote, la santidad de los juramentos, la obediencia a las leyes, el respeto de la opinión…”

“Es una cosa tan grande, hijo mío, y tan hermosa, que por ella, no lo olvides nunca, se sacrifican la vida, la hacienda y las afecciones más hondas del corazón”

“Si algún día cuando seas hombre, vieres tu honor en peligro, acuérdate de tu abuelo, acuérdate de aquél caballero de Tarifa, que echó el cuchillo para matar a su hijo antes que entregar la plaza que tenía por la Patria y por el Rey”

Leandro E. Muñoz Pino

Septiembre 2014