MuroChile 4

 

MuroChile 5A propósito de 25º aniversario de la caída del Muro de Berlín.

Desde el 13 de agosto de 1961 y hasta el 9 de noviembre de 1989, las autoridades comunistas de la Alemania Oriental construyeron y mantuvieron un conjunto de construcciones, obstáculos y campos minados, todos bajo la atenta vigilancia de los Vopos, armados como para el combate, que recibió el nombre popular de “Muro de Berlín”, pues impedía la comunicación entre Berlín occidental y el territorio de Alemania Oriental, donde Berlín Occidental se encontraba enclavado.

“Muro de la vergüenza” era el nombre con que los alemanes de ambos lados del muro le conocieron, aunque las autoridades comunistas de la Alemania bajo el yugo soviético le denominaron oficialmente como el Muro de Protección Antifascista. El Muro de Berlín no era, sin embargo, más que una pequeña parte de lo que el mundo llegó a conocer como la Cortina de Hierro, con que los jerarcas comunistas aislaron su “paraíso socialista” del mundo libre.

Talvez nunca se sabrá oficialmente cuántos alemanes orientales intentaron el tránsito a través de esta formidable barrera, por la superficie, sobre y bajo ella. Las hazañas que permitieron a muchos alcanzar la libertad, que han sido difundidas por la prensa, la radio, la televisión, el cine y numerosos libros, así como las historias, muchas desconocidas,  de los que murieron en el intento, son verdaderos monumentos al amor del hombre por su libertad.

Las noticias del 9 de noviembre de 1989 nos daban cuenta de que, finalmente, el Muro había dejado de funcionar, aunque no de existir. Miles de oprimidos berlineses orientales sencillamente traspasaron el maldito muro y se unieron a sus compatriotas occidentales, provocando de este modo, el término del régimen de opresión y terror que el comunismo había instaurado, para “proteger” su “paraíso en la tierra”.

Hoy, sin embargo, nos preguntamos si realmente cayó el Muro de Berlín.

Un rasgo destacadísimo del comunismo es su profunda aversión a la verdad. Toda la teoría comunista se funda en mentiras, algunas más burdas que las otras: que el hombre es un haz de relaciones de producción y consumo, que verdad es aquello que conviene al partido, que Dios no existe y que la religión es el opio de los pueblos, etc.

Y ¿qué sucede cuando la verdad, cualquiera que ella sea, no puede ser derrotada u ocultada por la mentira institucionalizada? No es que la verdad pueda ser derrotada, sino que basta con que se le impida llegar a los oídos de la ciudadanía, reemplazándosela por alguna mentira de fácil digestión que, de tanto ser repetida, termina por radicarse definitivamente en las mentes de la inmensa mayoría. Después de todo, nadie se come un hueso y mucho menos si a la mano hay un tierno filete.

Repito: ¿qué sucede cuando la verdad, cualquiera que ella sea, no puede ser derrotada u ocultada por la mentira institucionalizada? Entonces el comunismo construye un muro de Berlín. Pero ello no siempre es posible si no se cuenta con los materiales de construcción, ni con los arquitectos y albañiles. La solución es relativamente simple: a los comunistas nunca le faltan aliados, más o menos incondicionales, los llamados “tontos útiles” de los que nos hablaba Corvalán, allá por los años 70. De esos tontos útiles  –revolucionarios de todos los pelajes ideológicos e interesados compañeros de camino, indiferentes y otros–  salen en hordas los constructores del nuevo muro. Pero ahora ya no es el concreto, el fierro de construcción, ni las alambradas  los que se unen para conformar la barrera.

Ahora se recurre a un material muchísimo más resistente: el papel. Sí, el papel de los diarios y revistas que cotidianamente, con su descarada desinformación y su cómplice silencio, adormecen las conciencias rectas, retuercen aun más las torcidas y tranquilizan las de quienes, en el pasado reciente, disfrutaron de la libertad que otros, hoy olvidados y mancillados, les permitieron alcanzar, al costo de sus sacrificios e incluso de sus vidas.

Al otro lado del Muro, han quedado, ocultos a los ojos de todo un país, las tropelías del gobierno totalitario y atrabiliario de la Unidad Popular, de su líder  y sus cómplices, los innumerables atentados terroristas, la naturaleza terrorista del MIR (ahora, a este lado del Muro, se lo califica de “empresa”), las muertes de civiles, militares y carabineros, la mayor parte de las cuales sigue impune. Y, aunque seguimos viviendo y gozando de los logros extraordinarios del gobierno militar, dichos logros ya no se pueden ver: están al otro lado del Muro.

Aparte el tipo de material empleado en su construcción, nuestro Muro de Berlín se distingue del otro, el original, por el hecho de que los intentos por cruzarlo son más bien escasos. Es que hay otra diferencia sustancial: es un muro invisible. Nadie parece notar su existencia y, sin embargo, a todos nos tiene encerrados y, tarde o temprano, nos daremos cuenta de su espantosa realidad.

Así como hoy a nuestros soldados, marinos, aviadores, carabineros y detectives de ayer, se les juzga con total desapego a los más elementales principios y derechos contenidos en nuestras leyes, por el gravísimo delito de defender a la Patria, mañana los procesados pueden ser abogados, médicos, periodistas o lo que sea, acusados de crímenes inexistentes, por el simple delito de querer traspasar el Muro o no estar de acuerdo con la “verdad oficial”. Que no sea usted, amigo lector, uno más de los que, para dopar su conciencia, se repiten, cada día, “A mí no me pasará”. A más de alguno ya le pasó.

Cualquiera puede caer víctima del Muro que, con la complicidad de muchos y nuestra indiferencia, hemos permitido que se levantara.

Y, a propósito, el Muro de Berlín es otra víctima del nuestro Muro: su existencia ha quedado también oculta, olvidada, como todos los crímenes del comunismo.

Estimado lector: le invitamos a proponer nombres para nuestro Muro de la Vergüenza.