Aborto 4

 

SÍNTESIS:

Las causales del proyecto de ley que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, enviado al Congreso por S.E. La Presidente de la República son objetables y el proyecto en sí es una manifestación de la  intención de darle a la madre la facultad de disponer del derecho sobre la  vida o la muerte del hijo no nacido a su voluntad.

Las causales que presenta el proyecto son tres y sus principales objeciones son:

a) A la causal de inviabilidad fetal: Hoy en día es imposible anticipar si el niño no nacido será incapaz de sobrevivir al parto. Innumerables casos avalan este hecho imprevisible a nivel mundial.

b) A la causal de violación: Legalizar la muerte en útero viene a reactivar la antigua marginación que se hacía de los hijos y sus derechos en razón del origen. Ley de filiación n°15.585 del 13 de octubre de 1998, vigente desde el 26 de octubre de 1998., que considera por igual todo hijo sin distinción alguna., y hacer pagar al hijo inocente el delito cometido por el padre.

c) A la causal de riesgo a salud de la madre: Justifica el asesinato de una criatura humana inocente como terapia para salvar la vida de la madre sin otra consideración.

En el año 1905, el científico y filósofo alemán Ernst Haeckel, un biólogo materialista, comprobó que la  unión de los gametos de hombre y mujer al fundirse en un cigoto dan inicio al proceso evolutivo, sin discontinuidad alguna, de formación de un ser humano, tanto dentro del útero como fuera de él. Determinar cuándo es moralmente relevante y le asisten derechos como persona al feto, aún es imposible lograrlo sin ser arbitrario.

Si en un procedimiento médico terapéutico necesario e inevitable para salvaguardar la salud de la madre se produce la interrupción del  embarazo de modo no intencionado ni querido, por ser consecuencia de un acto en sí no abortivo, es moralmente legítimo.

Por lo anterior se estima que, en derecho, la legislación no debe validar la denominada  interrupción voluntaria del embarazo (vulgo aborto procurado) por las tres causales invocadas, ya que es un delito, se asesina a un ser humano inocente del error o descuido cometido por otros, incluida la naturaleza en el caso de una malformación física.

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Hecha la revisión de mis carpetas de documentos sobre la figura jurídica del aborto terapéutico, artículos de prensa, publicaciones, intercambio de opiniones con mis corresponsales en la red, textos que tratan el caso, mis meditaciones y juicios sobre el tema del título que he elegido para este escrito, me atrevo a manifestar lo siguiente, como esencia de la idea que me he formado sobre ello:

La Señorita Presidente, cuando era candidata,  expresó que para la despenalización del aborto había primero que preparar al país por medio de un debate, dando a entender que duraría un tiempo. Ahora, quizás aprovechando la fuerte mayoría parlamentaria que los electores y los desvaríos de la derecha le proporcionaron y, apoyada  por una cuestionable autoproclamada posesión de la mayoría de la opinión ciudadana –no comprobada– se ha planteado como un tema de primera y urgente necesidad.

El proyecto que fue enviado a la Cámara de Diputados, con fecha 31 de enero del presente año,  es parte del cambio cultural que se intenta forzar a que toda la nación acepte desde hace ya algunos años, cuya tendencia o característica deseada es que sea multicultural y multiétnico, hace mucho más difícil gobernar y brindar tranquilidad a su gente, en comparación a como lo fue y en algunos casos sigue siendo en países en que una fuerte identidad cultural y étnica las hace “unívocas“, al contrario de lo “equívoca” que ha estado manifestándose la nuestra, en permanente ebullición con el consecuente potencial de roces y choques entre sus partes componentes. Ello, porque su convivencia no está pactada con cláusulas nítidamente claras y fuertes sobre consideración y respeto mutuo de los unos por los otros -y vice versa- capaces de ser internalizadas por todos y cada uno de los individuos que la integramos. En esta circunstancia (y por la ambigüedad de un lenguaje con iguales palabras pero con diferentes significados que los unos y los otros les damos), a pocos les sorprende el hecho de que prácticamente ya no se hable de aborto…, quienes impulsan el proyecto prefieren hablar de interrupción voluntaria del embarazo. Así, el mensaje presidencial n°1230-362, de la fecha anteriormente indicada, da por título al proyecto en cuestión “PROYECTO DE LEY QUE REGULA LA DESPENALIZACIÓN DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO”, probablemente con el objeto de suscitar más simpatía, porque el aborto hace referencia a un niño al que se le ha impedido seguir viviendo, y el concepto de interrupción voluntaria del embarazo hace referencia a la madre y al ejercicio de su “libertad”… También es probable que la discusión sobre este proyecto sea de nunca acabar porque, aún aprobado o rechazado por el Congreso, continuará como tema valórico en la comunidad.

En su texto el proyecto parece no ser “pro aborto”, como se lo suele caracterizar, porque solo no lo prohibe en tres casos específicos. Las tres causales son: inviabilidad, violación y peligro de muerte de la madre. Sin embargo, como veremos de modo muy sucinto, esas causales planteadas no son suficientes para justificar la “interrupción del embarazo”, y generan la sospecha de que encubren la intención de dar a la madre la facultad de disponer a su voluntad de la vida del hijo que está por nacer.

Así puesto el tema, necesario se hace destacar que:

a) La causal de inviabilidad fetal no encuentra sustento en la realidad, sencillamente porque no es posible saber si un niño por nacer, a pesar de un diagnóstico adverso, será capaz de sobrevivir al parto o no. Existen muchos casos, a nivel mundial, que testifican este aserto. En artículos de la prensa nacional, se cita el caso de seis médicos chilenos y varios extranjeros que diagnosticaron que la hija por nacer de don Rodrigo Díaz de Valdés, chileno, no sobreviviría al parto. Al día de hoy sabemos que su hija María, de un año y cuatro meses, vive y vivirá. Así también día a día, continúan apareciendo otros similares.

b) En cuanto a la causal de violación, el Código Civil chileno del año 1855, denominó “hijos de dañado ayuntamiento”a los que provenían de uniones sexuales consideradas delictivas; concretamente, los que nacían como consecuencia de un adulterio, de un incesto o de un sacrilegio. Se hablaba, entonces, de hijos adulterinos, hijos incestuosos e hijos sacrílegos; estos últimos eran los nacidos de sacerdotes o religiosos que habían infringido su compromiso o voto de castidad. Los hijos de dañado ayuntamiento tenían menos derechos que los hijos ilegítimos, porque no podían ser reconocidos ni por su madre ni por su padre. Podía decirse que eran hijos sin padres.

Mucho después, en 1998, se aprobó en el Congreso la llamada “Ley de filiación”, que eliminó la distinción entre hijos legítimos e ilegítimos, y consagró como principio general que “la ley considera iguales a todos los hijos”.

Hoy, en el proyecto en cuestión,  se presenta como una razón legal para privarlo del primero y principal de los derechos, su vida, la naturaleza criminal de las relaciones sexuales a través de las cuales se engendró el hijo –si así ocurrió al ser concebido- dejándolo en una situación de inferioridad legal respecto de sus congéneres, no obstante ser absolutamente inocente de la conducta del violador que atentó sexualmente contra su madre.

Legalizar la autorización de su muerte en útero es propio de una justicia equivocada y despiadada; un retroceso legal que, de llegar a aprobarse, implicará el resurgimiento de la marginación de los hijos en razón de su origen.

Sorprendentemente, quienes hasta hace poco abogaban por la igualdad absoluta de todos los hijos, hoy están propiciando el retorno de una discriminación que creíamos definitivamente erradicada.

La causal de violación de la madre constituye una gravísima discriminación arbitraria, que vulnera los principios de personalidad de la pena, “non bis in idem” (aforismo latino que significa “no dos veces sobre lo mismo”) y “bilateralidad de la audiencia” o derecho de defensa garantizado -pilares básicos de todo ordenamiento jurídico- al hacer responder al hijo por la falta del padre, al castigar otra vez a una persona por hechos ya sancionados y al privar a ese niño del derecho a defensa.

c) La última causal propuesta es la que dice relación con el riesgo para la salud de la madre.

Frente a una situación de hondo contenido humano y lleno de dramatismo en que vidas humanas están gravemente amenazadas, con la debida información  de las partes involucradas, el médico debe hacer todo lo posible por salvar ambas vidas. Sin embargo,  las acciones que de ello se desprenden, pueden traer algunas consecuencias no queridas ni buscadas, aunque previsibles, que incluso pueden desembocar en que uno de los pacientes muera. Cuando fenece el “no-nato”, se habla de aborto indirecto (leer artículo “El duelo oculto de un embarazo inviable”, Revista “Ya” de El Mercurio del  martes 17 de febrero de 2015/ n°1639).

La Iglesia Católica enseña que “cuando el aborto viene como consecuencia prevista, pero no intencionada ni querida, simplemente tolerada, de un acto terapéutico inevitable para la salud de la madre, este es moralmente legítimo. El aborto es consecuencia indirecta de un acto en sí no abortivo”. La Iglesia destaca la importancia del hecho de que esta acción terapéutica lícita no significa que sea, de suyo, obligatoria. La madre puede solicitar la postergación de la terapia para después del parto, e incluso no llevarla a cabo si con tal decisión se permite que el niño tenga más posibilidades de vida.

Vemos que en la base de esta alternativa está la distinción entre acto físico y acto moral o jurídicamente relevante: si un acto médico conlleva la muerte no deseada ni buscada del hijo por nacer, como efecto colateral, entonces estamos frente a una terapia lícita y no frente a un aborto procurado, y la madre podrá someterse a ella con la conciencia de haber obrado dentro de los márgenes de la moral y la legalidad, también los médicos tratantes.

La figura del “aborto terapéutico” o “procurado” no debería, bajo ninguna circunstancia, ser validada por el derecho y la legislación, ya que constituye efectivamente una conducta delictiva y dolosa en contra de la vida de un niño en gestación, y que pretende camuflarse en la idea de que el atentado se efectúa para resguardar la vida o la salud de la madre. En atención a que este tipo de aborto niega la condición de persona del niño por nacer y, en consecuencia, subordina su derecho a la vida y su integridad física a los de su madre. Ello no solo no tiene cabida en la legislación penal como excepción, sino que resulta absolutamente incompatible con los principios de nuestra actual Carta Fundamental. Este no es el caso del “aborto indirecto” que explicamos antes, por cuanto carece del elemento doloso, y también de antijuridicidad, ya que la conducta queda justificada, pues se está obrando en cumplimiento de un deber ineludible (a menos que la madre decida lo contrario), o en el ejercicio legítimo de la profesión médica.

Aun a riesgo de parecer repetitivo, se hace énfasis en señalar que el embrión de nuestra especie ya es un ser humano, que se desarrolla en forma autónoma y sin interrupción, desde el momento de la fecundación, al igual como lo son -respecto de sus propias especies- los embriones de los cánidos, los felinos, las aves, etc., ya que su desarrollo los llevará inequívocamente a ser individuos de ellas, y solo de ellas, con todos sus atributos inherentes y los científicos no pueden negar que así lo es, o algunos desorientados teólogos o antropólogos –dudando del instante en que anida el alma en el feto- y considerando que antes de ello no sea un ser humano.

La pregunta que surge es: ¿puede una ley obligar a alguien a matar a un ser humano inocente? La respuesta unánime es no. ¿Por qué entonces esto sería lícito en el caso del no nacido? La biología descubrió hace más de un siglo que la vida de los seres humanos comienza en la fecundación. El científico y filósofo alemán Ernst Haeckel, un biólogo materialista, lo describe en TheEvolution of Man (1905): “Si bien debemos considerar al espermatozoide como célula tan real como el óvulo (ambos también denominados gametos), y el proceso de la concepción como la fusión de ambos, debemos considerar a la célula resultante como un organismo nuevo e independiente (el cigoto). La mezcla de ambas células es el germen del niño o nuevo organismo concebido”. Y H.Lodosh, en Molecular CellBiology (2007), señala: “todo ser humano comienza como un cigoto, el cual alberga todas las instrucciones necesarias para construir un cuerpo humano que contiene alrededor de 100 trillones de células, una hazaña asombrosa”.

¿Cómo explicar entonces que haya partidarios de una ley que despenalice el aborto? M.A. Warren reconoció hace décadas que no hay ninguna justificación para matar a un ser humano inocente, como es el caso del no nacido, a no ser que se logre probar que éste no es un ser humano moralmente relevante, una persona que tenga derechos. Algunos piensan que sólo comenzamos a ser una persona cuando hemos desarrollado determinadas facultades tales como sentir dolor y placer, tener auto conciencia, o proyectos de futuro (Warren 1973, Onthe Moral and Legal Status of Abortion). ¿Pero cuándo es correcto decir que se comienza a ser persona sin caer en una arbitrariedad?… Después de la fecundación el desarrollo es un continuo, no hay ningún evento que modifique sustancialmente lo que este ser es. A partir de la concepción, sólo hay un despliegue ininterrumpido de sus potencialidades.

El aborto procurado no es una conquista social, sino más bien una plaga que mina las raíces mismas de la convivencia social. Para combatirlo adecuadamente, el camino a seguir es el de la prevención. Para ello es fundamental el trabajo que se haga con los jóvenes, principalmente al seno de las familias.

El documento de la Iglesia Católica acerca del aborto procurado, dice lo siguiente: “A la ley le incumbe auspiciar una reforma en la sociedad de las condiciones de vida en todos los ambientes, comenzando por los menos favorecidos, para que siempre y en todas partes sea posible una acogida digna del hombre a toda criatura humana que viene a este mundo”. Combatir el aborto procurado no es solamente impedir que la gente aborte: es también, y sobre todo, promover la vida. Esta promoción se ha de realizar en medio de la paradójica situación que representa el hecho de que mientras más ha progresado la medicina para que los casos de riesgo vital para la madre sean casi inexistentes, se insista en la necesidad de legislar para permitir el aborto procurado, encubierto con el rótulo de:

“PROYECTO DE LEY QUE REGULA LA DESPENALIZACION DE LA INTERRUPCION VOLUNTARIA DEL EMBARAZO EN TRES CAUSALES” (vulgo aborto procurado o terapéutico)

Por todo lo anterior, es claro que no se justifica en lo absoluto la pretensión de reintroducir la figura del  aborto terapéutico o procurado en Chile, lo que no sería más que la puerta de entrada para que lentamente  se vaya legalizando todo tipo de abortos. Así ya ha ocurrido en otros países para permitir el más flagrante atentado contra uno de los pilares fundamentales del buen orden social, que es la vida de la persona humana en cualquier etapa de desarrollo en que se encuentre.

R.C.O.