Bolivia y el Mar

 Una verdad histórica olvidada

Bolivia y el Mar. Parte I: Antecedentes

Esta investigación expone en TRES PARTES el enfoque adoptado por nuestro vecino país Bolivia, que hace muchos años ha pretendido llevar a una instancia multilateral, una situación que como se fundamentará yBolivia y el Mar 1a está resuelta por un tratado bilateral.

El 24 de abril del presente año, Bolivia presentó una demanda en contra de Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, con el argumento de que “La demanda boliviana solicita a la corte internacional de justicia que falle y declare que Chile tiene la obligación de negociar de buena fe con Bolivia un acuerdo pronto y efectivo que le dé y otorgue una salida plenamente soberana al Océano Pacífico”.

Esta pretensión de Bolivia no es nueva y existen numerosos documentos y declaraciones en las que trata de involucrar a otros países para colocarlos en contra de Chile. Un ejemplo reciente de ello, es cuando el 1 de octubre de 2012 en Lima, en un gesto abiertamente poco amistoso, el Presidente de Bolivia Evo Morales, en una rueda de prensa durante la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur y Países Árabes, expresó:“El Gobierno de Chile no solamente es una amenaza para Bolivia sino también para Perú; Chile es un peligro para la región”. Esta actitud beligerante e inamistosa ha ido aumentando en los últimos meses.

Las causas de la Guerra del Pacífico son ampliamente conocidas, pero no está de más volver a recordar algunos aspectos, que considero importantes para este relato, ya que la historia por no repetirla se olvida y “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”.

Bolivia y el Mar 2

Extracto Carta publicada por la Oficina Hidrográfica de Chile, marzo de 1879.(Cartografía Histórica depositada en el Archivo del SHOA).

Los estados americanos que surgieron en los primeros años del siglo XIX, tomaron como base para el establecimiento de sus respectivas fronteras, los límites fijados por la corona de España a los Virreinatos y Capitanías Generales que constituían sus colonias y dominios.

Los gobiernos de los nacientes Estados – Repúblicas Americanas, estuvieron de acuerdo en reconocer el “utipossidetisiuri” “como poseías (de acuerdo al derecho), poseerás” de 1810, que fue reconocido e impulsado por el mismo Simón Bolívar, acatando los nuevos Países la posesión territorial de ese año, como punto de partida para la delimitación de fronteras.

Nuestros antepasados creyeron que esa decisión, lógica y justa cortaba todo motivo de futuros reclamos entre los estados vecinos.

En este punto es necesario recordar que la Corte de la corona de España ya había definido los límites de Chile y el Perú. En 1787, nombró una comisión presidida por los delegados reales Don Alejandro MALASPIÑA y Don José BUSTAMANTE, que llegaron para cumplir ese cometido a las costas del Pacífico, en las fragatas “Atrevida” y “Descubridora”.

Después de una larga y concienzuda labor, la comisión fijó el río Loa, como límite entre el Virreinato del Perú y la Capitanía General de Chile. Esta decisión de los delegados reales, recibió la aprobación de la corte de España; en consecuencia, quedó Chile deslindado por el norte con el territorio del Perú en el río Loa y por el oriente con la audiencia de Charcas, perteneciente al Virreinato del Plata (situación importante para el razonamiento siguiente), en límites que quedaron perfectamente referenciados y documentados.

El Gobierno de la audiencia de Charcas jamás tuvo dificultad de límites con la Capitanía General de Chile, porque su comercio no se efectuaba por las costas chilenas, sino que seguía la ruta de Arica por el norte (entonces perteneciente al Virreinato del Perú); y la de Buenos Aires, por el sur.

El Rey de España mandó levantar en 1790 por  varios oficiales de la marina de guerra española la carta de las costas de Chile, comprendidas entre los grados 22 y 38 de latitud sur, es decir entre poco más al norte de Tocopilla por el norte y la Isla Mocha al sur del Golfo de Arauco por el sur.

En 1799, por resolución de Su Majestad, el Rey de España, el río Loa quedó fijado como línea de frontera acatada por las autoridades gobernantes de la Capitanía General de Chile y del Virreinato del Perú. Se fijó dicha demarcación en esta forma:

“El río Loa, desde el Océano Pacífico hasta Quillagua; de este caserío una recta hasta la cumbre del Miño; y de este volcán, su paralelo hasta la cordillera de los Andes”.

El “utipossidetis iure” de 1810 sancionó tal estado de cosas.

La Audiencia de Charcas, con la proclamación de la Independencia pasó a ser, como ya lo era, una de las provincias de la República Argentina, y como tal, sus diputados señores Mariano SÁNCHEZ de LORÍA y José María SERRANO, firmaron el acta de la independencia Argentina, en Tucumán, el 9 de julio de 1816.

Solamente en 1825, esa Audiencia es declarada como un nuevo estado denominado Bolivia, en homenaje al Libertador Simón BOLÍVAR, quien la llamó “su hija predilecta”. Su Presidente quiso darle acceso al mar, y sin el conocimiento y menos la autorización de las autoridades de los gobiernos de Chile o del Perú, comisionó al General O’CONNOR para que buscase en el Pacífico un lugar adecuado para fundar un puerto. El citado General informó a BOLÍVAR de no haber encontrado en toda la dilatada y estéril costa que arbitrariamente pretendía Don Simón, ningún pasaje apropiado para habilitar un puerto.

No obstante, el informe desfavorable de O’CONNOR, BOLÍVAR expidió un Decreto, en contravención a las disposiciones de la Constitución, que él mismo había proclamado para Bolivia, habilitando administrativamente como puerto mayor, con el nombre de Puerto de la Mar, a la caleta de Cobija, un lugar muy inhóspito y alejado de su territorio.

Poco después, el General Don Antonio José de SUCRE, como Presidente de Bolivia, gestionó con el Perú el tratado de 15 de noviembre de 1826, por el cual éste le cedía a la recién formada República de Bolivia las provincias de Tacna, Arica, Pisagua y Tarapacá.

Este convenio, firmado por los plenipotenciarios Don Facundo INFANTE, de parte de Bolivia, y Don

Ignacio ORTIZ Ceballos, en nombre del Perú, no fue ratificado por el Gobierno del Perú. Se opuso a él, el General Don Andrés SANTA CRUZ, de nacionalidad boliviana, a la sazón Presidente provisorio del Perú, con el beneplácito de BOLÍVAR. SANTA CRUZ siguió en esto la convicción peruana, de que Bolivia no necesitaba costa, pues la consideraban como una sección del altiplano, desprendida del Virreinato de la Plata con capital en Buenos Aires.

Poco después, en 1829, el mismo General SANTA CRUZ llegó a ser el Presidente de Bolivia y, desde esa alta Magistratura negoció con el Perú un canje de territorio a fin de conseguir Arica para Bolivia.

Esa gestión obtuvo la respuesta desfavorable del Perú por lo que fracasó y fue solamente entonces que SANTA CRUZ se preocupó de dar impulso a la caleta de Cobija, para hacer de ella el único acceso de Bolivia al mar. Así fue que estableció allí un gobierno litoral independiente de otras autoridades provinciales y declaró a Cobija puerto franco.

Por estar caleta Cobija situada en latitud 22°33’ sur, es decir al sur del río Loa, límite absolutamente vigente y tradicional desde 1810 “utipossidetisiuri” entre Chile y el Perú, Cobija se encontraba dentro del territorio de Chile. Sin embargo, nuestro país, distraído en esos años por agudos problemas de política interna, se desentendió por entero de esa ilegítima ocupación territorial de Bolivia, que dolosamente, a partir de ese momento, pretendió tener soberanía y por consiguiente costa sobre el litoral y el océano Pacífico.

Este es el único título, que como ya dijimos es ilegítimo, que ha podido presentar Bolivia al pretender soberanía sobre la costa del Pacífico, con anterioridad al tratado de 1874, en que Chile cedió, bajo ciertas condiciones, erróneamente como comentaré más adelante, la administración del territorio entre la desembocadura del río Loa y el paralelo 24° 00´ sur.

En este punto valga la pena recordar las últimas palabras antes de morir de Simón BOLÍVAR “He arado sobre el mar”.

Varios años después, el gobierno de Bolivia al tener conocimiento de que los exploradores chilenosexplotaban guano en Mejillones, envió notas a nuestra cancillería, tratando de demostrar, sin fundamentos jurídicos válidos, que esa costa formaba parte del territorio boliviano. Desde 1860 a 1863, las relaciones estuvieron tirantes, al extremo de temerse un rompimiento que nuestro gobierno, siempre amante de la paz, pudo evitar con medidas de prudencia.

El Congreso de Bolivia, por ley de 5 de junio, de 1863, que se mantuvo secreta, había autorizado al

Ejecutivo para declarar la guerra a Chile, medida que no se llevó a cabo, aunque si se interrumpieron las relaciones diplomáticas.