Arturo Prat 3

Arturo Prat 4Mucho se ha escrito y comentado de la vida del insigne héroe naval chileno que combatió en la Guerra del Pacífico, ocurrida entre los años 1879 a 1883 entre Chile, Perú y Bolivia a raíz de disputas relacionadas con límites y explotación de salitre, por lo tanto realizar un breve análisis de su biografía bajo un enfoque histórico-filosófico es una tarea no sólo hermosa sino que por demás atrayente.

Sabemos dónde y cuando nació, sabemos quienes fueron sus padres, esposa, hi­jos, cómo fue su carrera naval, cómo, tras arduas horas de trabajo y estudio obtuvo su título de abogado, las acciones en que se vio involucrado desde niño y tantas otras facetas de su corta pero interesantísima vida. Por eso pensamos que sería interesante escudriñar, no en el intelecto o la historia personal de este hombre, sino que en el alma de este hijo, esposo, padre, abogado,  oficial de marina y profesor ejemplar.

Prat, es un paradigma humano que encierra en su diario actuar, en sus comentarios, en su forma de enfrentar la vida cotidiana, la capacidad de “hacer carne” una serie de virtudes que para todo hombre de bien debieran ser su natural destino.

Antes de avanzar más en esta atrayente singladura quisiéramos realizar un breve análisis semántico del título del presente artículo. La palabra axiología deriva de dos palabras griegas, áxios que significa digno o eje y logos que, como es sabido,  significa estudio o tratado. De allí podríamos decir, entonces, que la axiología es el estudio o tratado de la dignidad, o como definen los textos, es la teoría filosófica de los valores. Pero ante esta definición puede y debería emerger la pregunta, ¿qué son los valores?

 Los valores o principios, en nuestra cultura cristiano occidental, no son otra cosa que las tan antiguas y muchas veces olvidadas virtudes.

Y como es en este campo desde donde realizaremos este análisis biográfico de Prat, es que nos hemos trazado un rumbo que nos permitirá navegar primero, por las llamadas virtudes teologales, es decir fe, esperanza y caridad, para proseguir y concluir con las  cardinales, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

FE.

Arturo Prat 5La definición de esta virtud es “creer algo a alguien” (1). Tratar de explicarla es bastante complejo, la religión la menciona como un don o gracia, es decir como un regalo que se recibe, no obedece a la voluntad, se tiene o no se tiene y quien la posee debe estar agradecido.

Prat, curiosamente, tiene por lema de vida, el siguiente:

“Dios nos guía, y lo que sucede es siempre lo que debe suceder”.

¡Qué podemos comentar de este aserto!, sin duda el alma que habita e ilumina la razón de quien profiere tal pensamiento, está imbuida del más preclaro amor y trasunta un completa fe en Dios, ¡qué confianza más irrestricta en los designios del Divino Creador!, la tranquilidad de espíritu que embarga la existencia de este hombre le ayudará a sobrellevar con total aplomo los momen­tos adversos de su vida, de los cuales tuvo varios. Recordémoslo creciendo al lado de un padre que no sólo ha fracasado en sus negocios sino que tempranamente ha quedado postrado en una silla de ruedas, víctima de una parálisis. (2)

¡Dura vida la del niño Prat!, sin embargo, lo que no podía obtener de su padre lo recibía amorosa y profusamente de su madre, dona Rosario Chacón, quien se hizo preceptora, es decir, pro­fesora, para mantener su hogar y por tanto, de ella Arturo, no sólo recibió los tradicionales cui­dados que toda madre prodiga a sus hijos, sino que además las luces de sus primeras letras.

La fe de Prat, su interesante postura fren­te a Dios es de notable interés, escuchémoslo referirse al Divino Creador:

“Dios se hace conocer por las obras que realiza, padre bondadoso, sólo quiere el bien para sus hijos; los premia o castiga según se necesita para sostenerlos en el camino acerta­do, o apartarlos del erróneo; los sufrimientos que manda son los remedios que sanarán nues­tro espíritu de la enfermedad moral que lo atrasa e impide progresar. Recorred vuestro pasado y veréis que cada uno de los sufrimien­tos que experimentáis, tiene su razón de ser en alguna falta que cometisteis, o en algún bien que no hicisteis, pudiendo”. (3)

La profundidad del comentario refleja la imagen que Prat tenía de Dios y nos explica su po­sición frente al dolor, a la adversidad, a la prueba y por lo tanto da cuenta de su entereza para afrontar y no rehuir los momentos más difíciles e incluso dramáticos de su vida.

Al explicar su posición frente a las con­secuencias de los actos personales, nos permite intuir que de allí nace su curiosa actitud frente a una situación en extremo peligrosa que le correspondió vivir y donde dio las primeras señales de ser un hombre excepcional, nos referimos a la  explosión de un  pontón en llamas que le correspondió intentar sofocar junto a unos cuantos hombres.

Durante las maniobras de salvamento inesperadamente el pontón voló por los aires, todos los que estaban cerca de él se agazaparon temerosos, sólo la figura de Prat se mantuvo erguida, evaluando, con una tranquilidad impresionante, las consecuencias de la explosión.

Años después nuevamente le encontramos realizando otra tarea con curiosa fuerza interior.

Durante un duro temporal acaecido en Valparaíso el día 24 de mayo de 1875, su buque, la fragata “Esmeralda”, a la que llamaba cariñosamente “La Mancarrona” estuvo a punto de naufragar.

Quisiéramos  relatar brevemente este último hecho.

Durante este temporal, Prat, segundo Comandante de la nave, se encontraba con licencia por motivos de salud.

Preocupados por los hechos, personal de la Gobernación Marítima de Valparaíso, concurrió a su hogar para informarle la difícil situación por la que atrave­saba su buque, Prat pese a los ruegos de su amada esposa, doña Carmela Carvajal, se levantó de su lecho de enfermo y se dirigió, resuelto, hacia el muelle. En ese lugar solicitó que un botero lo transportara hasta el buque en peligro pero, dadas las condiciones de la mar, nadie aceptó satisfacer tamaño requerimiento. ¿Quién era este hombre?, parecía ser un marino… en medio de las discusiones de los boteros de pronto se escuchó, fuerte y viril la voz de Prat quien manifestó: “si nadie me puede llevar, iré solo”, acto seguido se dirigió a una de las frágiles embarcaciones; al ver esta demostración de va­lor, uno de los boteros, arrastrado por su ejemplo y arrojo, le ofreció su ayuda. Ambos se hicieron a la mar enfrentando olas furiosas que no deseaban permitir que el insolente pasajero lograra su objetivo, sin embargo, la entereza moral y firmeza de carácter de este hombre parecían impulsar con especial fuerza al pequeño bote, acercándolo cada vez más a su destino. Agotados de remar y cuando ya faltaban escasos metros el botero no acepta atracarse a la “Esmeralda” dado el gravísimo peligro de zozobra que ello significaba. Ante esa situa­ción, Prat, frente a sus asombrados ojos, saltó de la embarcación y con vigorosas brazadas se alejó en pos del buque. Desde abordo le lan­zaron un cabo mediante el cual, por fin, logró acceder a la cubierta principal. El comandante Lynch, visiblemente agotado por el esfuerzo que le ha significado dirigir las maniobras hasta ese momento, le saluda y le entrega el mando.

Prat, ante los violentos movimientos de la nave orde­na que lo amarren al palo mayor, y así, seguro de su posición, continúa dando las necesarias órde­nes al personal que, después de ardua lucha ven coronados sus esfuerzos con el éxito, pues vararon el buque en la playa “El Almendral” sin averías de importancia y en espera a que amainara el mal tiempo para rescatarla al día siguiente, como de hecho ocurrió.

Arturo Prat 6ESPERANZA           

La mejor definición que Arturo puede dar de la esperanza está guardada en el reverso de una carta que Carmela le hiciera llegar a su buque, cuando se encontraba comisionado en Mejillones de Bolivia, alejamiento que debió ser particularmente duro para los esposos Prat, puesto que su primera hijita, Carmelita de la Concepción, de tan sólo meses de edad, se encontraba gravemente  enferma. Es interesante recordar que la tasa de mortalidad infantil en el Chile de la época era inquietantemente alta.

Leamos parte de esa misiva:

Arturo de mi corazón:

Nuestro querido angelito sigue mal, muy mal; siento que mi corazón desfallece de dolor y tu no estás para sostenerle… Si te fue­ra posible venirte antes sería mi único consuelo. (4)

Pasados unos pocos días y ya regresando desde el Nor­te, Prat se entera de la muerte de su hija por el pésame que recibe de un amigo. En me­dio de su dolor y la impotencia obligada por la distancia, toma la carta de su Carmela y al re­verso escribe lo siguiente:

El 5 de diciembre a las 1h 3m de la no­che, murió mi hija Carmela de la Concepción. Esta carta es la destinada a anunciármelo, la amargura que revela debiera habérmelo he­cho comprender, pero es tan dulce la esperanza.

La esperanza es dulce, dice nuestro héroe y puede definirse así puesto que es un acto de fe, de confianza en el Supremo Hace­dor, de aceptación, con la certeza de que la Divina Providencia no permitirá daño trascendente alguno para nuestras almas. Este duro y amargo episodio en la vida de los Prat, sólo vino a mitigarse parcialmente con la llegada de su segunda hija, Blanca Estela.

Cuando a su esposa le piden una semblan­za del héroe ella expresa lo siguiente:

Tenía gran confianza en Dios y la espe­ranza segura de una vida mejor. Así es que jamás se abatía por los reveses de la vida.

CARIDAD

Prat, sólo se decidió a solicitar la mano de Carmela cuando ascendió al grado de Capitán de Corbeta debido a que no le era posible, con su sueldo naval, satisfacer las necesidades de su señora madre y la de un nuevo hogar. Por esa razón pospuso expresar a su amada los sentimien­tos que albergaba desde largos años para ella en su corazón. Sin embargo y no obstante su precaria situación económica no duda en ofre­cer sus servicios gratuitos para impartir clases en la escuela para adultos de Valparaíso, “Benjamín Franklin”. En una de sus cartas expresa el senti­miento que le mueve a cooperar con esta obra.

La voluntad de Prat, está sin duda iluminada por la práctica de la virtud de la caridad. Leamos trozos de la misma:

Valparaíso, 7 junio 1878

Tengo el gusto de acusar recibo de su estimable nota de junio último, en la que, a nombre del directorio que usted preside, me comunica haber sido aceptada… la oferta que les hice para llevar algunas clases en la Escue­la Nocturna para adultos Benjamín Franklin, que se trata de establecer.

Habéis emprendido una obra de humil­de apariencia, pero de vastos resultados para el porvenir.

Estimo un deber ayudaros en su reali­zación, como creo un honor alistarme bajo la bandera de la Instrucción del pueblo, que ha­béis levantado.

No extrañéis pues, que en vez de recibir las gracias que me dais por el ofrecimiento que os hice, juzgue deber dárosla por su acepta­ción. Prat.

Siempre tuvo la disposición para ayudar a otros más necesitados que él, en una libreta de gastos que llevaba día a día se puede observar frecuentemente la abreviatura lim. que indica el dinero que destinaba a las limosnas, tuvo incluso, como señala Vial en su biografía del héroe, “clientes” habituales, como una mujer desequilibrada que le llamaban la “sonámbula”, si la humilde mujer dejaba de presentarse en su puerta a mendigar, dos días seguidos, Prat se inquietaba.

¡Hombre de ancho corazón!, son numero­sos los pasajes de su correspondencia donde manifiesta su preocupación sincera por el prójimo, por Josefa, la niñera de sus hijos, los cariñosos comentarios dirigidos al “Clérigo”, apodo con el cual se refería al padre José Fran­cisco Salas, quien había celebrado su matrimo­nio, sus permanentes consultas por el estado de salud de sus familiares y conocidos, sus adver­tencias de enviar saludos o condolencias cuando el caso lo ameritaba,  reflejan no sólo delicadeza en su trato con los demás sino que un profundo amor y respeto por ellos. En los minutos previos al holocausto de Iquique pregunta si su gente ha almorzado, término de la época con el cual se re­fería al desayuno. Sus conocimientos de la capacidad bélica de los oponentes le indican que el enfrentamiento será tremendamen­te desigual y, por tanto, las posibilidades de que su tripulación saliera con vida…mínimas, sin embargo el Jefe íntegro, el conductor de hombres, hasta el últi­mo minuto intenta satisfacer las necesidades más domésticas y humanas de su personal. Cariño por su gente, amor por su prójimo, expresado con hechos tangibles, nuevamente lo encontramos haciendo carne las virtudes.

PRUDENCIA

Hemos arribado a las virtudes car­dinales, de la prudencia en el actuar Arturo Prat hizo gala en numerosos pasajes de su vida personal y sobre todo, profesional.

Prudentia, señalaba Cicerón, deriva de providere, que significa tanto proveer como pre­ver. Virtud de la duración, del porvenir incierto, del momento favorable, del Kairos griego, virtud de la paciencia, de la oportunidad y de la aceptación. La prudencia es el arte de evaluar, es el deseo lúcido, razona­ble. La prudencia separa la acción del impulso. La prudencia, decía San Agustín, es “un amor que elige con sagacidad”.

Prat da muestras de saber perfectamente el significado de esta virtud cuando sabe esperar el momento preciso para actuar conforme a sus ideales, el momento para encaminarse a sus estu­dios de abogacía o el momento para contraer matrimonio. Finalmente su máxima demostración de prudencia fue en el momento del com­bate cuando sabe esperar el momento preciso, no sólo para pronunciar su arenga inmortal sino cuando emprende el salto a la gloria, midiendo clara­mente las consecuencias que su acción va a pro­ducir. Sabemos por una carta escrita por el Guardiamarina Zegers que Prat le llamó y le en­comendó lo siguiente:

… a su regreso a Valparaíso, busque a mi Carmela y dígale que mis últimos pensamientos, mis últimos votos fueron para ella y mis hijitos.

Este testimonio es sin duda el mejor aval para demostrar que Prat sabía muy bien el fin que le esperaba, que había sopesado perfectamente la situación a la que se veía enfrentado y que sabía que había llegado su hora, su momento, se despi­de de su Carmela, de sus hijos, de todo cuanto mas ama en la tierra y salta a cumplir con su de­ber con la Patria, con algo que está más allá de sus terrenales intereses.

JUSTICIA

Sin duda la segunda profesión que Prat eligió no podía estar más ligada a la virtud de la Justicia, pero debemos destacar que mucho antes de recibirse de abogado ya había dado muestras cla­ras de su posición frente a ella. A los veinte años cuando aún no comenzaba sus estudios de abo­gado, Prat defiende al ingeniero 2° de la Covadonga, Ricardo Owen, quien había sido acu­sado de “insultar a un superior y no oír, con re­signación, sus amonestaciones”. Prat analiza los hechos y plantea la defensa, sus antecedentes son tan sólidos, serios y según Vial (4) , “a pesar de que los acusadores eran de mayor rango jerárquico que él no duda en plantear duras críticas al pro­cedimiento seguido por sus superiores”, finalmen­te Owen es declarado absuelto.

Ya en posesión de su título de abogado, Prat no duda en acudir en defensa del Teniente Luis Uribe cuando ocurre un incidente entre él y su jefe en  Londres, su camarada y amigo de infancia es separado del servicio de­bido a haber contraído matrimonio sin la corres­pondiente autorización que debía expedir el Almirante Goñi. La situación de Uribe no podía ser peor, sin embargo Prat toma el caso, lo analiza a fondo y encuentra los argumentos necesarios para que el Consejo de Guerra no sólo declare inocente al inculpado sino que le devuelva su gra­do y obtenga una indemnización por los sueldos que se le habían retenido durante la causa.

El extenso escrito que aún se guarda de esa brillante defensa deja muy en alto el sentido que Prat tenía de la justicia y del calor y decisión con que presentaba sus alegatos.

FORTALEZA

Así como la prudencia nos fija el recto obrar y nos señala el camino al cual di­rigirnos, sucede muy a menudo que en la ejecu­ción de la obra a realizar van presentándose una serie de obstáculos que llegan en un momento determinado a hacernos desistir del rumbo em­prendido, para evitar lo anterior requerimos de esta virtud que nos infunde el valor necesario para soportar el temporal.

Prat pone en práctica esta virtud ante la muerte de su padre, que en alguna forma la esperaba, la muerte de su hijita, que no esperaba y su propio sacrificio, que se auto impone en aras del deber.

Fuerte debió ser al recibir las cada día peores noticias sobre la salud de su hija, fuerte, cuando ve partir la escuadra rumbo al Callao a buscar el enfrentamiento con el enemigo dejándolo en la opaca retaguardia a cargo del bloqueo de Iquique y final­mente fuerte al emprender la ruta de los elegidos. Cuando todo parecía hacer imposible el logro de su misión, Prat resurge de la adversidad y extre­ma los recursos humanos y materiales logrando evitar las funestas consecuencias que habría aca­rreado otra conducta de su parte para los puertos chilenos más al sur de Iquique.

Hace poco tiempo en un medio de comunicación nacional se discutió el acto de Prat calificándolo de diversas formas, no pretendemos hacer una defensa del héroe, porque no la necesita, pero los invitamos a leer una co­municación al respecto entre el Intendente de Valparaíso, Don Eulogio Altamirano y el Ministro del Interior Don Antonio Varas:

Aún no se me pasa el susto. Todo ha estado dispuesto para una gran catástrofe. El Huáscar y la Independencia debieron concluir con la Esmeralda y la Covadonga en una hora.

En seguida, cayendo, como lo habrían hecho rápidamente sobre Antofagasta, se habrían apoderado de todos nuestros transportes. Des­pués habrían incendiado Antofagasta y en se­guida toda nuestra costa.

Nos ha salvado el heroísmo de nuestros marinos, y a él mediante, un acontecimiento que debía traernos la muerte, nos ha traído gloria y ventajas materiales.

…sobran los comentarios.

TEMPLANZA

Decimos que la templanza es aquella vir­tud de poner orden en el interior del alma, del propio yo, haciendo un todo armónico de una se­rie de componentes dispares.

Es una auto conservación desprendida, donde el hombre tiene puesta sobre sí mismo la mirada y la voluntad; su falta provoca la autodestrucción porque se degeneran en forma egoísta  las  energías  destinadas  a  sí mismo.

Prat, en hermosas cartas a su esposa pone de manifiesto cómo ejercita esta virtud, desde Montevideo o desde Mejillones de Bolivia sus misivas dejan en claro su impecable conducta, su rehuir de fiestas, su actuar ante la coquetería femenina y su aceptación ante algunos pequeños reproches que Carmela le hace con la promesa de corre­girse. En definitiva se observa una pareja que se ayuda mutuamente en el camino de la práctica de las virtudes.

Hemos realizado una hermosa navegación en torno a las virtudes teologales y cardinales de la mano de este insigne marino, es­tamos ciertos que es posible obtener un análisis mu­cho más completo y profundo de Prat desde la pers­pectiva axiológica, es más, es nuestro profundo deseo seguir ahondando en esta temática  para poder, algún día no muy lejano, transformarla en una pu­blicación y llevar así, si se nos permite el término, más Prat a todos los rincones de la Patria, más Prat, necesitamos el espíritu de Prat en nuestras aulas, en nuestros hogares, en nuestra política, en nuestra vida personal, en nuestra maltrecha sociedad y allí está, ofreciendo su ejemplo para todos los hombres de buena voluntad, que sienten respeto por las almas grandes y por los corazones nobles.

Aprovechamos de rendir un sentido homenaje al pueblo chileno que tempranamente levantó un merecido monumento a este hombre, hoy les podemos referir que no hay héroe ni prócer chileno con más estatuas, bustos o representaciones que Prat, tanto en Chile como en el extranjero, Prat es un héroe emergente, nace desde el fondo del corazón de nuestros hijos, se transmite por la leche materna, no necesita decretos para ser recordado y es el único ciudadano chileno que para recordar su epopeya, el estado ha instaurado un día feriado en nuestra querida Patria, todos los demás feriados son religiosos, para recordar un hecho histórico descollante o son internacionales, estos antecedentes deben llamar a reflexión, a meditación y a la decisión de conocer más de cerca a este hombre y decidirse a imitarlo…pensamos.