La Etica en la Ley Humana - Parte I

 

La Etica en la Ley Humana - Parte I   2Vivimos en una época acelerada, el tiempo se acorta, los sueños se alargan y las metas se nos alejan, especialmente aquellas que aspiran a una vida feliz donde haya orden, seguridad y justicia. Gobernantes y Cámaras elaboran leyes continuamente como una gran fábrica de normas que nos deben regir y en esta dinámica no alcanzamos a darnos cuenta de la enormidad de preceptos que debemos cumplir, pese a que la ley estipula que no hay disculpas al desconocimiento de cualquiera de ellas. Menos aún el ciudadano común y corriente toma conciencia cabal si las leyes elaboradas por aquellos elegidos en las urnas se ajustan a la ética y principios de siempre que hicieron grande nuestra civilización.

¿Por qué debería importarnos? Sencillo; porque está en juego el porvenir de todos.

¿Y por qué tiene importancia para el porvenir una ley que se ajuste a la moral?

Porque nos asegura que exista una verdadera Justicia.

Es lo que veremos a continuación…

PODER POLÍTICO Y LEY

En nuestra época, mucho más que en otras, uno de los instrumentos principales del Poder Político es la elaboración y promulgación de leyes, las cuales norman las diferentes relaciones y actividades propias del hombre viviendo en sociedad.

Acerca del origen de la ley, hay dos posiciones principales absolutamente contrapuestas: el iusnaturalismo realista – distinto del racionalista moderno – y el positivismo. El primero considera una gradación y correlación de normas: ley eterna, ley natural y ley humana. El positivismo, en cambio, no admite otro origen que no sea humano.

La pregunta que surge es si basta que haya un eficiente instrumento coercitivo destinado a fijar la ley de una manera estable o transitoria en su modo de preceptuar, permitir, prohibir y castigar, sin considerar los fundamentos naturales y propiedades que la referida ley debe contener para apuntar al verdadero Bien Común de la sociedad.

Estimado lector, no es necesario profundizar mucho en el análisis de cierto tipo de leyes y proyectos de ley que se están aplicando en las sociedades actuales para concluir que estos fundamentos, al parecer, ya han sido olvidados con las correspondientes consecuencias. Esta realidad no hace sino resaltar lo delicado de la función legislativa, que es, sin duda alguna, la más importante facultad del poder político legítimo, además de las facultades de administrar y juzgar.

El propósito de este artículo no es explicar porqué se ha llegado a esto, ni porqué el Bien Común se entiende de diferente manera entre los colectivistas, los individualistas o los realistas, sino volver nuestra vista a quien, en su vasta producción literaria, pudo darle un espacio a la Ciencia Política en el marco de la filosofía moral y así, adentrarnos someramente en ese aspecto de la ley humana, necesario para el arraigo de las virtudes y la convivencia entre los hombres.

Tomás de Aquino (1225 – 1274), teólogo y filósofo escolástico, abordó con precisión y objetividad el tema de la esencia de la ley y las consideraciones acerca de la naturaleza humana, dirigida y medida por normas de conducta, las cuales deben  mantener un cierto orden jerárquico de principios, que se inicia por la ley eterna en Dios (de una sabiduría infinita), transita por la ley natural (por la cual lo creado actúa según la ley eterna) y finalmente se aplica en la ley humana (en las circunstancias concretas que se desarrolla el devenir del hombre).

Este es, pues, el orden en que se sintetizará el presente trabajo y cuyas conclusiones nos llevaría a aquilatar la importancia ética y jurídica que tiene la ley humana, bajo el prisma tomista, en el desarrollo armónico de la sociedad.  Y sí, por el contrario, el legislador no tomase en cuenta estos principios, estar conscientes del poco grado de respaldo moral (en una comunidad sana y bien informada, claro está), que la ley humana recibirá al determinar su promulgación y de cuán nefasta y peligrosa podría ser su aplicación.

LEYES ANTERIORES A LA LEY HUMANA

Siguiendo a Tomás de Aquino: todo orden tiene su principio en Dios y, por lógica consecuencia, este orden estará regido por una ley eterna. En otras palabras, es la ley establecida por Dios para dirigir los actos y movimientos de todas las criaturas, tanto racionales como irracionales. Esto implica que la ley eterna domina en todo el extenso campo de la naturaleza estableciendo un universo ordenado y jerarquizado y representa el plan del gobierno de todas las cosas, tal como está en la inteligencia divina.

 Así, el ámbito de la ley eterna es inmenso y se extiende a todo lo creado llevando las criaturas grabadas en sus mismas naturalezas las leyes por las cuales deben regirse. El hombre además participa de esa ley por el conocimiento.

En el ser racional, la ley eterna se da activamente por vía del conocimiento (razón). De aquí que, en la filosofía tomista, se considera a la ley de carácter eminentemente intelectivo, definiéndola como obra de la razón y no de la voluntad.

 La comprensión de la íntima relación que pone el autor entre la ley eterna y la ley natural constituye la base filosófica clave para entender su pensamiento respecto a la ley humana y por ende, la trascendencia que tiene ésta, si es bien determinada, en el equilibrio y armonía social.

El primer principio de la ley natural es “hacer lo que es bueno y evitar lo que es malo”, lo cual no significa promulgar porque sí una ley moral, sino reconocer una ley natural en los seres y mostrar la causa de sus operaciones. La prueba es que todo ser vivo se mueve según sus inclinaciones, o de sus aversiones, así, el objeto de una inclinación natural se llamará bien y el objeto de una aversión se llamará mal.

Tomás de Aquino enumera tres aplicaciones generales del principio aludido en el párrafo anterior, o preceptos de la ley natural:

 – El hombre, como ser viviente, desea conservar su ser,  conservar lo que pertenece a su naturaleza.

  El instinto de conservación no es sino la acción de la ley natural tendiente a proteger la salud y conservar la vida.

– El segundo precepto contiene todas esas particularidades que lo definen como un animal: procrear,   criar hijos, y en general, conservar la especie humana.

– Finalmente, el hombre, como ser racional, se impone buscar lo bueno  según el orden de su razón.

  Buscará entonces, la verdad en el plano de las ciencias y en el plano sobrenatural; el vivir en   sociedad; el aunar esfuerzos con otros hombres, en fin, buscará el conocimiento para ganar libertad y   así  poder dirigirse al bien que ha determinado por la razón.

La ley natural se extiende a toda la gama de los actos humanos, pero los preceptos enumerados anteriormente, por ser demasiado generales, no tienen determinación.

Por ejemplo, ¿Qué es el bien?, ¿Qué es el mal?, ¿Cómo se debe hacer para satisfacer a la razón?, etc., y así, entre los principios generales de la ley natural y los actos particulares de cada hombre existe una indeterminación que está llenada por costumbres propias, peculiaridades culturales, circunstancias históricas, pasiones de los hombres, etc., lo que hará sentir la necesidad, a la sociedad, de darse precisas normas o leyes humanas, cuyo origen está tomado de la propia ley natural proveniente de la ley eterna o divina, como ya lo hemos visto.

Julio, 2014