PAGO 3

PAGO 1Así se llamaba el cuadro pintado por el destacadísimo pintor chileno Juan Francisco González Escobar (Santiago, 25 de septiembre de 1853Santiago, 4 de marzo de 1933), que más tarde, luego de la muerte del autor, fue rebautizado como “El General Dinamita”. La triste figura del soldado, con el uniforme del Ejército de la época de la Guerra del Pacífico, con la pierna izquierda amputada y reemplazada por la clásica “pata de palo” y la mano derecha apoyada en una trapo que cuelga del cuello, como un improvisado cabestrillo, parece decirnos: Esto es lo que mi participación en la guerra me ha dejado como recompensa y recuerdo, puesto que mi país, superado el doloroso trance de la guerra, suele olvidarse de sus soldados, vivos o muertos. Dicen algunos que entienden más de historia que yo, que el cuadro es un retrato de Arturo Villarroel Garenzón, aventurero, bombero y cultor de mil otros oficios, antes de incorporarse al Regimiento Cazadores, con el que vivió las campañas de la Guerra del Pacífico. Villarroel era apodado “El General Dinamita”, de allí que “El Pago de Chile” pasara a ser “El General Dinamita”. También cuentan que alcanzó el grado de Capitán del Ejército, pero otros dicen que no fue así, sino que solo estuvo “asimilado” como si fuese un Capitán. ¡Vaya uno a saber!

Pero el cuadro refleja la triste realidad que vivieron los veteranos de la guerra, una vez vueltos al suelo patrio. ¡Y qué decir de viudas y huérfanos, condenados por la “gratitud” nacional, a vivir en condiciones miserables! Los soldados que volvían ya no tenían sus empleos de antes. Sus familias, por lo tanto, se quedaron sin un sustento. Las glorias del combate se vieron trocadas en hambre y miseria. Los relatos al respecto son abundantes. Baste recordar que en la década de 1920 se dictó una ley que otorgaba beneficios a los héroes y a sus familias, ¡cuarenta años después de alcanzada la paz! Gran parte de los beneficiarios yacían en sus tumbas, cuando Chile se acordó de ellos.

¿Qué aprendimos de la lección que nos dejaron nuestros veteranos del 79? Respuesta: Nada. Es cierto que los veteranos del 73 no ostentan patas de palo o manos mutiladas, pero en lo demás, poco se diferencian del General Dinamita, pero viven, si se puede decir, en una condición mucho peor, pues se les desconocen sus méritos como combatientes contra un enemigo que se ensañó con militares y civiles, asesinando a mansalva, mutilando y dejando a muchos con graves secuelas. En esto incluyo, por cierto, a niños, como José Sáez Pérez, de 11 años, asesinado por una bomba montada por el MIR, en Conchalí, el 24 de marzo de 1980 y a su hermana, Erika de 8 años y a Karina Ferrada Carrasco, de 9 años de edad, ambas heridas de gravedad, por el mismo atentado criminal.

A los veteranos del 79 se les reconocían sus méritos, pero no se los recompensaba en la medida de tales méritos. A los veteranos del 73 se les califica de “asesinos”, por haber combatido a los criminales, se les somete a farsas de juicios y se les condena por delitos que ningún código contempla o simplemente “por haber estado allí” o precisamente por lo contrario. La imaginación más fértil no es capaz de abarcar todo el espectro de arbitrariedades cometidas en contra de nuestros veteranos del 73.

Allí están, en Punta Peuco, con una edad promedio que ronda los 70 años, porque “son un peligro para la sociedad”. Hay entre ellos, enfermos de las diversas dolencias que aquejan a quienes han alcanzado lo que hoy se llama “tercera edad”: Alzheimer, Parkinson, diferentes formas y grados de avance de cáncer, diabetes, etc.  El récord de edad en Punta Peuco, no tiene parangón a nivel mundial y sin dudas tiene méritos para ser incluido en el Libro Guinnes. Algunos de estos “peligrosos” individuos ya murieron en prisión y no faltan los que yacen, definitivamente postrados, a la espera de que la muerte les libere de la injusticia humana. Las consideraciones que la más elemental humanidad recomienda, no se aplican para ellos, aunque los tratados internacionales solemnemente suscritos por el Estado de Chile así lo disponen, confiando en que el honor de sus autoridades los hará cumplir. ¿Dónde está tal honor?

Hablar de “estado de derecho” y hablar de Punta Peuco es hablar de términos absolutamente contradictorios. El estado de derecho no ha logrado que Gendarmería le permita acceder al recinto penal de Punta Peuco, aunque sí tiene generosa acogida en los penales donde purgan sus penas asesinos, violadores, terroristas, ladrones o estafadores. El único penal en donde la puerta giratoria está definitivamente clausurada es Punta Peuco. ¿Cumplió la mitad de su condena y tiene derecho a libertad vigilada o como se le llame? Salga, señor ladrón, señor asesino, señor violador. Usted, señor militar, siga en el infierno, para usted estas cosas no existen. ¿Quieren salida dominical los militares presos políticos? Como se dice en chileno ¡Las pinzas! Pero si tiene una conducta intachable, ya cumplió la mitad de la condena que le aplicaron. No: no ha cumplido con el requisito de haber concurrido a un taller de reinserción social. ¡Pero no existe tal taller en Punta Peuco, pues Gendarmería determinó que no era necesario! Respuesta: ¡No moleste más con ese cuento, no hay ningún beneficio para los presos de Punta Peuco! Roma locuta…. En realidad, las respuestas son una invención mía, pues las preguntas y peticiones de los militares presos políticos siempre reciben por respuesta el silencio.

Siempre quedaba la esperanza de que los beneficiarios de las acciones emprendidas por el Gobierno Militar, para poner fin al sangriento accionar de esa “empresa” conocida como MIR, o las de su “competencia”, como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, VOP, GAP y otras siglas de tenebroso recuerdo, pondrían algo de su parte, para enmendar el rumbo de los procesos en contra de los militares. En otras palabras, que se acabaría lo de “sin perdón ni olvido” y que se cumpliría con la ley. Pero las esperanzas quedaron sepultadas bajo los escombros de la traición de uno que calificó a los partidarios del Gobierno Militar de “cómplices pasivos”. Nótese que me refiero a uno de los que primero hubiese caído víctima de la dictadura del proletariado. ¡Bella manera de dar las gracias!

Pero hoy, junto con el grueso de la población, tiene lavado el cerebro, como señala Hermógenes Pérez de Arce y resulta que el descalabro de la Unidad Popular es solo una invención de los militares golpistas, que destruyeron lo más cercano al Edén que se haya dado, después de Adán y Eva. El santoral de la Nueva Mayoría tiene como figura señera a Allende, el mismo que se dijo ser solo presidente de sus partidarios y que dejó a Chile en ruinas, moral, social, política y económicamente. Del resto de los santos, mejor ni hablar. En el santoral, naturalmente tienen su lugar reservado los militares que faltaron a su deber para con la Patria, aliándose con los que demolieron Chile y se repartieron los despojos. Los militares que cumplieron con su deber, ¡a la cárcel, a como dé lugar!

Ciertamente, el General Dinamita estaba mucho mejor.

Es, nuevamente, El Pago de Chile.