DESCALZI 2

DESCALZI 0Por varias razones dudaba si escribir o no estas líneas, pero la principal es que estoy seguro de que seré cien por ciento políticamente incorrecto. Pero, en fin, ya habiéndome decidido, que sea lo que Dios quiera. Entro en materia.

Efectuando una breve reseña introductoria, le puedo contar que soy un profesional común y corriente de éste Chile que nos cobija, con fuerte arraigo en el sector “de derechas”. Como es mi caso, existe un amplio grupo de ciudadanos que piensa en forma similar acerca de los acontecimientos políticos, económicos y sociales  de estos últimos tiempos.

Tenemos en común mirar con dolor la forma en que se han ido desdibujando la comprensión y práctica de la auténtica libertad, junto a la compañía de una serie de virtudes que permitieron a nuestra querida patria alcanzar un desarrollo significativo durante los últimos 30 años.

Sentimos en lo más profundo de nuestros corazones que actualmente ésas cualidades de lealtad, sinceridad, franqueza , integridad, sobriedad, sencillez y más, literalmente han desaparecido en amplios sectores de la ciudadanía y en particular, entre los dirigentes del más variado espectro social, como es el caso, por ejemplo, de la clase política, la magistratura, los funcionarios públicos, etc. La derecha no ha sido la excepción.

Sí, me refiero precisamente a la misma libertad y similares virtudes de las que nos hablaba el queridísimo Jaime Guzmán en memorables reuniones que se realizaban en el Club de Viña del Mar, en su departamento de Santiago, o en cualquier lugar propicio que le sirviese para conversar y aprovechar de dar guía política a sus seguidores. ¡Qué calidad humana! No cabe duda alguna de que él fue una persona excepcional, de primer orden en la reciente historia chilena, que encarnaba las virtudes mencionadas y marcaba con la impronta dejada por su insondable profundidad moral, intelectual e increíble claridad política. Se trataba de un líder poseedor de un talante personal como pocos tuvieron mientras él vivía y que parece inexistente en el Chile de hoy.

Volviendo al punto central de la presente, la situación nacional que percibimos numerosos profesionales, junto a muchos otros chilenos pertenecientes a los más diversos estratos sociales, es realmente lamentable.

Se han esfumado los valores antes mencionados  y se ha producido una pérdida general de la búsqueda del bien común como norte político y social. La persecución del “poder por el poder” y la codicia, que  cabe recordar que habitualmente  detrás del poder está el dinero y que, asociados a un desmedido afán del “tener” más que del “ser”, ha pasado a prevalecer transversalmente en toda la casta política, transformando a sus miembros en unos verdaderos “dictadores”, quienes centrados en el beneficio propio en desmedro de ése bien común, constituyen un engendro más de una sociedad vaciada del sentido de trascendencia final del ser humano.

¡Que ira y malestar más grande! resulta ver a nuestros dirigentes políticos cooptados por el poder económico, realidad que les impide legislar en pro de ése auténtico bien común que mencionaba, haciéndolo en cambio primordialmente en favor de un supuesto y bien político mal entendido, de marcado carácter partidista, sino también abiertamente personal. Al respecto se podrán argüir todas las justificaciones habidas y por haber, pero no se logrará ocultar la falta de veracidad y honradez imperante, justo lo contrario al que debiera ser precisamente el sello de cualquier dirigente, presidente, director o gerente, independientemente de cuál sea el ambiente o contexto en que despliegue su vida cotidiana.

Que profunda tristeza le traería a Jaime Guzmán, a 25 años de ser asesinado por defender sus principios, ver a sus discípulos totalmente perdidos en una vorágine sin sentido de un trabajo mal hecho, en el cual el norte político que nos proponía, se encuentra francamente desfigurado.

¡Pero no! …Muchísimos de nosotros pensamos que no puede ni debe seguir siendo así, que nuestros dirigentes deben y pueden cuidar la probidad, hablar y actuar con honestidad y honradez, ser leales con los actores de los últimos 50 años de la historia política chilena y, en especial, con un gobierno de 17 años que sacó a la nación del abismo y sembró las bases e inició un proceso de desarrollo sostenido para las últimas décadas de la historia nacional.

Hago, con ésta última alusión directa referencia a las personas que contribuyeron decididamente a recuperar al país de la manos marxistas y de la inoperancia de los políticos de ésa época, para luego encaminar a la Patria, a la obtención de la paz social y el desarrollo socioeconómico por todos anhelados.- Las mismas que en la actualidad se hallan sometidas a una iniquidad política – judicial  sin nombre,  y  que es francamente vergonzante.

Más todavía, si se compara su situación con la de los autores de ése descalabro político-económico-social que condujo al Gobierno Militar, quienes hoy  libres, gozan de buena salud y más encima reciben estipendios del Estado, no obstante que entre ellos hubo quienes asesinaron, robaron, incendiaron, expropiaron injustamente  y asolaron con el pánico y la destrucción; siendo, con todo, defendidos lealmente por sus  políticos afines, quienes supieron y no los dejaron jamás  solos. Ojalá las gentes de derecha,  demostraran  ser tan leal con quienes defendieron la patria, a sus familias y a ellos mismos, como lo ha sido la izquierda con los suyos, incluso con los terroristas.

Somos muchos quienes les sacamos el sombrero a los líderes de izquierda, porque nunca abandonan a sus seguidores, aunque hayan hecho objetivamente más daño que sus hoy, olvidados adversarios. Para ello no escatiman esfuerzos: manejan la prensa, se victimizan, cambian la verdad histórica, tergiversan todo, cuentan verdades a medias y recurren a cuanta argucia les parezca necesario, hasta el punto que actualmente la mayoría de la población les ha terminado por creer y no es capaz de darse cuenta de que la historia política chilena no comenzó en Septiembre de 1973 sino bastante antes, con las recordadas proclamas socialistas, del “avanzar sin transar”,  “el poder por las armas” al costo que fuese,  y otros slogans de índole  parecida.- Y todo esto ha acontecido  a vista y paciencia de nuestra dirigencia que, para tratar de parecer “políticamente correcta”, se hace la sorda, mira hacia el lado y no se enfrenta como lo hacen los hombres y las mujeres de verdad,  a una falsedad histórica y de una injusticia tan abismante.

Quisiera agregar que, respecto a éste último tema, nadie sensato está por apoyar la violación de los derechos humanos que hayan ocurrido en aquella época, pero las cosas deben ser analizadas y enjuiciadas en su justo equilibrio histórico ya que, como señalé en el párrafo anterior, los miembros de la izquierda,  actuaron igual de mal, o peor aún, pero fueron defendidos a ultranza por sus dirigentes. ¡Que lamentable disparidad! …¡Qué vergüenza más grande!  Y… ¡qué traición tan enorme!- ¡¡Simple y claro!!

Deseo recordar también que en las últimas elecciones (2013), la pérdida de la presidencia y, lo que es más grave, la enorme ganancia de las izquierdas en el Congreso Nacional, se debieron en buena medida a éste género de actitudes que mantiene la dirigencia de “derecha”, ya que numerosas personas no fueron a votar por sentirse absolutamente traicionadas por el gobierno del presidente Piñera, que supuestamente era de nuestro sector, pero que quizás haya sido el más perjudicial –y , de paso, desleal – considerando los últimos 25 años en su conjunto, en cuanto a la última materia enunciada se refiere.

Tanto es esto así, que un amplio sector de los votantes de derecha no podemos aceptar un actuar de ésta índole, ya que tratando todos  de acomodarse, tal vez con el propósito de ganar para sí el denominado “centro político”, la derecha política no se ha percatado que ha dejado abiertamente huérfanos, a quienes no queremos ésa propuesta para nuestro país, al tiempo que ha colaborado en correr hacia la izquierda ése pretendido y tan anhelado centro político. ¡Que error más grande han cometido sus dirigentes!

Además y en una visión general de lo que ocurre también hoy en nuestro país, es que ésta  masiva indolencia de “las gentes de derechas”, es su aburguesamiento casi completo y total, dando la imagen de un adormecimiento en el que estamos todos literalmente “anestesiados” por un bienestar económico mal entendido, en que no logramos advertir la continua pendiente de descenso en que hemos caído, tanto como personas, como sociedad en general.

Es por eso que también quiero recordarle que cuando la derecha habla fuerte en la calle, los de izquierda se callan, que cuando la derecha grita fuerte  en la calle, los de izquierda tiemblan, y que cuando la derecha sale a la calle,  los de izquierda simplemente les da un  pánico realmente patético.- Históricamente así ha sido y así es, ya que  los hechos así lo demuestran.-

Pero lo que pasa hoy es que ”la calle” está vacía de nuestro lado, y si lo llevamos a una analogía deportiva, en el campo de juego, es decir, en  la calle, en la prensa, en la televisión, en las  redes sociales, sólo está la izquierda y ganan siempre “por no presentación” del adversario.

No querría dejar pasar ésta nota sin antes también mencionar el enrarecido ambiente entre todos los personajes de la derecha chilena, especialmente en el último gobierno del Sr. Piñera, en que las descalificaciones, las maledicencias, las prepotencias, el orgullo y la soberbia, son una constante permanente entre nuestros  dirigentes.- Se nota lo anterior a través de la prensa, a través de sus declaraciones, en cuanto foro político aparece algún personaje de este lado que nos deja a todos estupefactos, molestos y con un signo de interrogación de marca mayor, situaciones como lo anteriormente comentado.-

Y es que viendo sus actuaciones en éstos últimos 30 o más años de vida política, no sabemos cómo ustedes lo podrán mejorar, superar y lograr proyectar precisamente lo contrario a lo se respira en éste sector, dejándoles una  difícil tarea por delante.- En sus manos está la solución.-

Por último y finalmente quiero decir a usted, que quien manifieste y enarbole públicamente las banderas que proclamen la necesidad de que los dirigentes políticos vivan las virtudes de honradez, franqueza , lealtad, sinceridad ,  honestidad ,etc.,  que quien defienda abiertamente la familia por todos conocida desde el principio de los tiempos, que quien abogue por la dignidad de la vida desde sus orígenes hasta su fin natural, que aquél o aquella que proteja también el matrimonio entre un hombre y una mujer y no “cualquier unión”, que quien ponga la historia en su justo lugar y, por lo mismo, defienda a nuestra gente de armas sin vacilación ni ambigüedad, que aquél o aquella que resguarde a la Patria de tanto agente financiado por cuantas ONG extranjeras existe, que quien actúe guiado por estos principios básicos y los defienda en los hechos,  será con alta probabilidad  el próximo presidente de la República.

Lo será porque se habrá ganado la admiración y el apoyo de la ciudadanía ya que, casi con seguridad, innumerables desencantados saldrán de su autoimpuesta marginación para votar por él o ella.

Somos demasiados quienes creemos que ese personaje no se ha hecho hasta ahora presente, pero tal como ha ocurrido en anteriores pasajes de la historia de Chile, en que la hombría y la gallardía eran valores intransables, es que hacemos al mismo tiempo votos para que aparezca algún líder con la prestancia de estadista y que con el cinturón bien puesto o la falda bien sujeta, sepa erguir los estandartes que nos movilicen nuevamente en aras del bien de Chile.