PERDÓN 2

PERDÓN 0Hace algunos días, durante el funeral del ex Presidente Aylwin, la Presidente del Partido Demócrata Cristiano, Carolina Goic, pidió perdón por la falta de ética de la clase política, por los abusos de poder, por no haber actuado a tiempo, por haber traicionado la confianza de los representados, sirviendo a otros intereses, ajenos al de las familias chilenas y prometió que el servicio público “nunca más” sería degradado. Aplauso cerrado… Lagos, Gutemberg Martínez y Krauss, también se plegaron a esta petición de perdón.

En estos días también pidió perdón a las víctimas de la violencia, el Intendente de la Araucanía, Andrés Jouannet.

Bien por la gente que pide perdón, bien por aquellos que están de acuerdo en arrepentirse, pedir perdón y enmendarse. Los ciudadanos valoramos estas intenciones. No cabe duda que la llamada “clase política” está sufriendo un inmenso déficit de credibilidad y basta leer las encuestas y la exigua cantidad de votantes en las pasadas elecciones, especialmente en la juventud, para darse cuenta que el problema podría escalar hasta la desaparición de los partidos políticos actuales, mutando a otros con diferente cosmética, pero siempre la misma esencia…

Si las palabras no se las lleva el viento y si hay verdadero arrepentimiento, la única manera que esta petición de perdón ante la ciudadanía sea fructífera, es que los políticos y los servidores públicos de mal comportamiento o ineptitud, hagan un acto de reparación efectivo y eficaz y renuncien al cargo al cual fueron elegidos o designados o bien elaboren  leyes draconianas con trámite de urgencia para quien traicione la buena ética en la administración pública. Sería otra forma de demostrarnos que estarían dispuestos a cambiar…aunque solo sea por temor al castigo.

Sería una catarsis absolutamente inédita y restablecería rápidamente la fe pública en la clase política. La pregunta es, ¿Quién estaría dispuesto a este sacrificio o esta iniciativa?

La buena intención ya no basta. Nunca ha bastado. Solo la reparación mejorará la credibilidad del ciudadano en los servidores públicos.