LO QUE LOS LIBROS NOS RECUERDAN DEL 21 DE MAYO 1879 EN LA RADA DE IQUIQUE.

                                 (SEGUNDA PARTE)

                                               Viña del Mar,  24  de Mayo 2019

                                                                 Adolfo Carrasco Lagos

“CHILE EN LA GUERRA DEL PACÍFICO” (2ª edición aumentada)

Libro escrito en italiano por el padre Benedicto Spila de Subiaco, y traducido al castellano por él mismo, en 411 páginas.

Fue impreso en Roma el año 1887, en la TIP. Artigianelli DI S. Guiseppe. Via Monserrato, 449.

En mis referencias directas al libro, he respetado la redacción original.

El autor efectúa un interesante relato crítico-histórico a la Guerra del Pacífico entre Chile vs Perú y Bolivia.

DEDICATORIA.

A LOS HIJOS DE CHILE QUE EN LA GUERRA DEL PACIFICO CON HEROISMO LEJENDARIO HICIERON

LA PATRIA FUERTE I RESPETADA. A LOS AMIGOS DE LA LEJANA REPUBLICA QUE EN ONCE AÑOS DE PERMANENCIA LE PRODIGARON HOSPITALIDAD I

BENEVOLENCIA.

En el PREFACIO, el P. Spila explica que en 1883, pocos meses después de su retorno a Italia de las Misiones en Chile (donde permaneció 11 años), tuvo oportunidad de leer la 1ª parte del libro “Storia della guerra d´America,” del autor y abogado italiano Tomás Caivano, libro  que  presentaba un cuadro… “nada agradable de la sociedad i de las milicias de Chile”  y que, además, tildaba a la primera edición de su libro de muy parcial en beneficio de Chile. Fue por ello que decidió escribir una 2ª edición aumentada del libro en comento, que… “tiene  por objeto  vindicarnos de la tacha de parcialidad, confirmando nuestras aseveraciones mediante los documentos oficiales i los testimonios fidedignos…. En suma, si en la primera edición nos movió el deseo de rectificar brevemente los principales hechos, narrados a su modo por Caivano, en esta segunda nos mueve el deber de la propia defensa, lo que por otra parte lleva consigo el complemento de la defensa de la República chilena”.

Efectivamente, Caivano expresa en su libro que la política pacífica de Chile sería consecuencia de la escasez, debido a la pobreza de su suelo y, por ello, la necesidad de dedicarse al trabajo; que la mayoría de sus habitantes vivía en un estado de semibarbarie; que el carácter del pueblo era fanfarrón y orgulloso; que la causa de la guerra había sido una mezquina aspiración de conquista; que sus capitanes se mostraban pusilánimes e ineptos; que sus soldados eran tímidos y cobardes y, sus mujeres, envidiosas y crueles. Que nada de grande ha habido entre los militares chilenos; que el valor indomable ha estado tan solo entre los soldados peruanos y que el heroísmo lejendario se ha admirado únicamente en la flor de los marinos del Perú.”

A todo lo anterior, el padre Benedicto arguye que…”era un deber de gratitud (escribir una segunda edición aumentada de su libro)…porque aquel pueblo (chileno), eminentemente jeneroso, dispensa benévola i afectuosa hospitalidad a muchos miles de ciudadanos italianos. Era un deber de justicia, porque la nación chilena por los hábitos de su pueblo en tiempo de paz, i por las proezas extraordinarias de sus hijos en los campos de batalla, se ha hecho acreedora a la admiración universal; i un testigo presencial no puede tolerar que se ofenda gratuitamente semejante nación.”

Dada la extensión del libro, sólo me referiré a sus Capítulos V y Vl,   el “Combate Naval de Iquique” y “El Espíritu de Prat”,  respectivamente, y a la “Conclusión”.

El resto de los capítulos (17), se refiere a las campañas terrestres, al soldado chileno y a la mujer chilena, entre otros.

En el  CAPÍTULO V, don Benedicto se expresa así:

 “Los prodijios de valor que el Gobierno chileno esperaba del entusiasmo patriótico de sus soldados no tardaron en presentarse a la admiración del mundo, i el 21 de mayo de 1879, que será siempre memorable en los anales de las guerras marítimas, fue el día que cubrió  a la nación chilena de envidiable gloria. Haremos la simple narración del hecho glorioso, dejando que los lectores queden impasibles, si pueden, en vista de tanto heroísmo.”

Algunas citas del autor, referidas a la escuadra chilena: (…) “La escuadra chilena bloqueaba desde algunos meses el pequeño puerto de Iquique, cuando las dos naves peruanas, el Monitor Huáscar i el blindado Independencia, empezaron a recorrer el Pacífico, mostrándose audaces en las indefensas costas del enemigo, i haciendo mil proezas  de aquellas que son naturales en naves que llevan la impunidad en las rápidas vueltas de su hélice.  Los blindados chilenos Blanco-Encalada i Lord-Cochrane los persiguieron en diversas ocasiones, pero siempre inútilmente; porque los marinos chilenos buscaban la batalla i los peruanos se encomendaban al carbón.

Respecto a los momentos previos al combate, el autor expresa: “Prat los vio acercarse sin espanto. Intentar la retirada, a más de la imposibilidad de efectuarla por el mal estado de las dos naves i la velocidad de los blindados enemigos, no lo hubiera juzgado digno de un militar pundonoroso, aunque viera que aceptar el combate fuera audacia inaudita. En efecto, ¿podía esperarse un resultado feliz en una lucha  en que el Monitor enemigo, con cañones de a 300, montados en torre jiratoria, atacaba a la frájil Esmeralda, que no tenía sino pequeños cañones de a 68, i la Independencia con 14 cañones de a 150 i de a 70 se lanzaba contra la Covadonga armada de dos únicos cañones de a 150? “ (1)  

“Rendirse en estas circunstancias, atendida la enorme desigualdad de las fuerzas, lo hubiera aplaudido cualquier marino intelijente: combatir sin la más remota esperanza de vencer, esponerse con los suyos a una muerte inevitable, hacerse asesinar sin poder ni ofender ni defenderse, era un sacrificio que no podía exijir la patria, para quien es tan querida la vida de sus hijos; mas la palabra “rendirse” no se halla registrada entre las señales de la marina chilena. Aceptó, pues, la lucha desigual, la lucha del débil con el fuerte, mejor dicho, la  fuerza material atacaba la fuerza moral, blindados impugnables chocaban con corazones de bronce: ¡duelo sin igual, de que mui raros ejemplos se encuentran en la historia de las guerras marítimas!

(1) El autor usó los datos indicados en Parte l, pág.228  del libro de Caivano para describir el armamento mayor de las naves.

Después de narrar el combate, el padre Spila continúa: “¿Quién osará negar  a los bravos de la Esmeralda un valor lejendario? ¿Quién se atreverá a negar que este solo hecho de armas no es suficiente para conquistar a una nación una gloria envidiable? ¿ Quién vacilará en afirmar que si la Inglaterra escribió en la historia patria una página gloriosa con la jornada de Trafalgar, i repite con legítimo orgullo el nombre del invicto Nelson, Chile no tiene motivos para envidiarla, desde que puede ostentar en los fastos de su historia el combate de  Iquique, i recordar a las jeneraciones el sacrificio heroico de Prat i de la tripulación de la Esmeralda?  …“Los escritores de Lima hicieron prodigios de habilidad para arrebatar a los bravos de la Esmeralda el mérito de su admirable valor, asegurando que Prat i los que le imitaron en el atrevido abordaje, habían caído involuntariamente sobre la cubierta de la nave enemiga, cuando ésta embistió con su espolón a la gloriosa corbeta…Podemos escusarlos: el combate de Iquique, narrado en toda su verdad, habría tenido demasiada trascendencia en el ejército peruano; i por eso la prudencia aconsejaba disfrazarlo para evitar los efectos que necesariamente hubiera producido. Mas lo que es escusable en un peruano, no puede serlo de ninguna manera en un historiador neutral, como el señor Caivano.”

Culmina este capítulo con una fuerte crítica a lo escrito por Caivano, expresada por el señor Santini en su libro “Viaggio de la <Garibaldi>”,  que en parte indica: “Lo que ansiaba declarar en vista de una “Storia della Guerra del Pacífico”, publicada por la Tipografía Loecher i escrita por el abogado Caivano, el cual aunque antes de la guerra vivió por algún tiempo en el Perú, volvió a él cuando los hechos habían terminado, i por lo mismo se encontró en la desventajosa condición de no poderlos ni apreciar, ni narrar como testigo presencial. Así que yo no vacilo en afirmar que el libro de Caivano no merece el nombre de historia, siendo que le falta casi siempre la indispensable condición de la verdad, i la necesaria dosis de serenidad de juicio, siendo, en consecuencia, más que apasionada.”

Capítulo Vl “El Espíritu de Prat.”

,De este capítulo, sólo algunos párrafos del P. Spila de Subiaco:

“ Aplaudir al vencedor por la sencilla razón de haber vencido al enemigo, sin atender a los medios ni a las fuerzas de su adversario i, más que todo, al modo como ha derrotado al enemigo, sería un error solo perdonable entre jente bárbara e ignorante. Aplaudir a Grau, no tributar las debidas alabanzas a Prat i a la tripulación de la “Esmeralda”, sería lo mismo que hacer la apoteosis de la fuerza bruta, i pisotear la fuerza moral, aquella fortaleza de espíritu que, revelándose en toda su grandeza por medio del heroísmo, descubre en el hombre algo de divino.”

 “El Perú recibió con <vivas> a los vencedores del Huáscar, pero aquel júbilo pasajero debía abrir una serie interminable de desventajas i de lágrimas; pues si el Monitor volvía ileso, era solo para decir con mudo pero elocuente lenguaje, al Gobierno i al pueblo, que todos sus esfuerzos de feroz valor no fueron suficientes para conseguir la rendición de una frágil nave; que los chilenos que preferían la muerte a la deshonra de caer prisioneros,  estaban dispuestos a hacerles una guerra que los pondría en la espantosa disyuntiva de vencer o morir; que el pueblo peruano, no llevando en sus venas sangre de valientes, sería sin duda derrotado por las armas chilenas.”
Y respecto al rescate de los náufragos, el autor expresa “… recojidos los náufragos de la <Esmeralda>…el cadáver del ilustre Prat fue llevado a Iquique;… Buendía, Jeneral peruano, acercóse a aquel venerado cadáver, i empujado por sus propios sentimientos, no pudo menos de esclamar:

¡Con qué jente tenemos que pelear! (1)

Y Buendía no se engañaba, pues el P. Spiglia expresa que …”El espíritu de Prat se comunicó a todo el ejército i Armada, i todos, de almirante a grumete, desde el Jeneral en Jefe hasta el último recluta, propusieron distinguirse en alguna acción, que fuera digna de su modelo. ¿Qué obstáculos hubiera podido oponer el enemigo a semejantes militares?

 (1)Boletín de la guerra, pág. 145)

CONCLUSIÓN.

En este último párrafo, el autor se refiere a las causas de esta guerra, que ya conocemos, agregando:

“Chile, pequeña nación con poco más de 2.000.000 de habitantes, declaró la guerra a dos naciones, cada una de las cuales era más numerosa que él; pues Bolivia cuenta con más de dos millones de habitantes, i más de tres millones el Perú.”

“Como se ve, la guerra fue empeñada en las proporciones de cinco contra dos.”

“Si el número constituyera siempre la fuerza, Chile habría sido aniquilado por sus enemigos.”

:Mas, lo que narra la historia i por lo que hemos observado en la Guerra del Pacífico, el número no hace invencibles a los ejércitos. Casi en todas las batallas navales i terrestres los aliados tuvieron una superioridad numérica i, sin embargo, fueron dispersados i vencidos.”

“Lo que hace invencible a un ejército es el heroísmo de los soldados que lo componen; es la ausencia del miedo, mediante la voluntad de sacrificar generosamente la vida por el honor i la salvación de la Patria.”

“Mas este espíritu de sacrificio que enjendra el heroísmo, solo lo poseen aquellos pueblos, que teniendo estampados en su corazón Dios i Patria, no se ruborizan de llevar a la práctica aquellas virtudes cívicas y cristianas, que solo la Relijión sabe inspirar… El  pueblo chileno, en su inmensa mayoría, pertenece a esta clase afortunada.”

El libro contiene un APÉNDICE que incluye el Discurso  religioso-patriótico pronunciado por el autor de este libro en la Iglesia  Matriz de Chillán el 9 de septiembre de 1880, con motivo de la solemne recepción y colocación del Estandarte Peruano… y concluye con el JUICIO DE LA PRENSA ITALIANA respecto a este libro del P. Spila, escritos en seis páginas, lamentablemente sólo en idioma italiano, efectuado por sus principales diarios: L´Osservatore Romano (Roma); L´Opinione (Roma); Il Cittadino (Genova); Il Popolo Romano, (Roma); La Discussione (Napoli) y Eco di S. Francesco (Sorrento).