Desde el presidente de la República hasta el último periodista, aparentemente, han alabado las protestas pacíficas que hemos estado sufriendo en estos días y les han dado la razón a los manifestantes.

Yo, en cambio, las llamo las protestas de las barrigas satisfechas  y las cabezas vacías.

Han sido la oportunidad para que se cometa toda suerte de delitos. Hemos vistos que los delincuentes llegan en automóviles a saquear mercados. Y todo esto al son de ollas vacías golpeadas rítmicamente.

Me recordó la época en que el tirano Salvador Allende nos trató de esclavizar mediante el hambre. Se acabó la carne, el aceite, la harina, hasta la parafina durante el mes más frío del año: Julio. Y, claro, como no podía ser de otro modo, ahora hemos visto renacer las largas colas de los que buscan comida en los mercados que aún no habían sido asaltados. En la época del tirano Allende esas colas eran de todos los días.

Recuerdo que, a comienzos del gobierno de las Fuerzas Armadas y de Orden, de la dictadura, como dicen las cabezas vacías, se descubrió que Chile padecía de una terrible plaga: la desnutrición infantil. Claro está, como los niños no votan, los partidos no se había ocupado de dar solución a este problema. El gobierno de las Fuerzas Armadas y de Orden lo solucionó en poco tiempo. Hoy sufrimos de otra plaga: la obesidad infantil.  Barrigas llenas.

Ciertamente, el hambre arreciaba en Chile en 1973, hoy no. ¿Por qué hacen sonar las ollas? Lo que hoy tienen vacío es el cerebro. Todos alegan porque no les han dado, y gratis, lo que desean. ¿Hay algo gratis? Por supuesto que no. Pero a nuestros jóvenes les han metido en la cabeza que el gobiernos debe darles todo lo que quieran y gratis.

Lo que ha desatado esta irracional protesta viene de la enseñanza que se ha estado impartiendo en Chile en los últimos 30 años: ¡Derechos sí; deberes no!

Lo mismo ocurrió en Venezuela hace algunos años y el país más rico de América del sur, hoy es el más pobre. Otro tanto hicieron los Kirchner en Argentina. En ese país tan rico hoy abunda la pobreza.

Pero, ¿y las pacíficas? Por muy pacíficas que sean, atropellan gravemente el bien común de la nación. A causa de ello, hoy somos más pobres que hace una semana. Un día no trabajado le cuesta muchos millones de dólares al país; nos hace a todos más pobres. Sobre todo a la gente modesta. Los ricos se defienden mejor, los pobres sufren más.

No hay bien privado que se justifique si atropella el bien común. Y estas protestas lo han hecho. Por lo que nada tienen de justas. No se puede buscar un bien usando malos medios. ¿Cuánto habrán de  sufrir y durante cuánto tiempo los pobres por el daño al metro y a los mercados?

Los únicos que se han portado bien en estos días son las Fuerzas Armadas y de Orden y los vecinos que se han organizado para defender sus bienes.

Me permito sugerirle a nuestro presidente que se ponga en contacto con Maduro y le ofrezca un trueque: cambio chilenos anticapitalistas por venezolanos antirevolucionarios. Este intercambio le haría mucho bien a nuestro país.

JUAN CARLOS OSSANDION VALDES