Transmutacion 4

Parte I

La transmutación semántica es el efecto perseguido por todas aquellas iniciativas que procuran cambiarle el sentido a las palabras, haciéndolas ambiguas o peyorativas objeto lograr otros significados en el hablar cotidiano, redundando, por lo tanto, en una diferente manera de pensar y por lo tanto una nueva forma de actuar. Lo anterior, lentamente provoca un efectivo cambio cultural, objetivo primario de aquellas ideologías que buscan el Poder a través de estos cambios sociales, congruentes con su forma de apreciar la sociedad.

Veamos entonces aquellas deformaciones, que por esta vìa, afectan a conceptos importantes de nuestra convivencia social y que se hace necesario repasar o aclarar en su sentido conceptual, y aquellas deformaciones que se insinúan en la actualidad en nuestro claro y bello idioma castellano.

 Autoridad, autoritarismo, poder:

Autoridad viene del latín auctor (autor) y del griego augeo, o sea, se dice de aquél que tiene algo para dar, el que da algo de sí mismo para el resto. En sentido estricto, se denomina autoridad el “carácter o representación de una persona por su empleo, mérito o nacimiento” (RAE).

Si se tiene dominio sobre un saber o disciplina, esa persona se constituye en autoridad  sobre otras que carecen de ese dominio y que aspiran a tenerlo. Así existe la autoridad intelectual y la autoridad moral, que es propiamente la potestad para conducir la conducta de otras personas. Esto es especialmente importante en la formación de las virtudes y la enseñanza cultural en los pueblos e instituciones, porque nadie nace sabiendo y el bien se practica por el arraigo de las virtudes o hábitos, que se convierten en tales por la exigencia de su continua repetición.

Transmutacion 5La tendencia actual, especialmente en educación, es desvirtuar esta acepción de autoridad bajo el pretexto de que a nadie se le debe imponer conocimientos o disciplina y lo ideal es que lo descubran y practiquen por sí mismos, guiados por otros. El gran peligro que tienen estas corrientes psicologistas en la educación actual, que no son nuevas, es que prenda el subjetivismo y el “guía”, al no ser reconocido como autoridad, se verá impedido, por lo mismo, de aportar la síntesis de lo que es objetivamente discutible y valedero y que contribuya efectivamente al proceso de educación o formación del discente.

Por otro lado, esta tendencia a descalificar el concepto de “autoridad” se refleja en el empleo del término autoritario o autoritarismo que el Diccionario de la RAE explica como aquellos que son “partidarios extremos del principio de autoridad” y “sumisos incondicionales a la autoridad”. Esta forma de definir está reñida con la esencia misma del concepto de autoridad debido que, el que tiene algo para dar, no necesariamente lo impone y su quehacer es por causa directa de la excelencia de lo que entrega para aquellos que lo necesitan o que voluntariamente lo reciben para participar de esta misma excelencia, aún cuando no puedan visualizar ésta todavía. Siempre recordemos que la verdadera autoridad no engendra sumisión, muy por el contrario, es la base donde se funda la virtud de la obediencia.

         A nivel gobierno y dirección de sociedades, la autoridad es legítima sólo si se ejerce buscando el Bien Común del grupo y empleando, en su consecución, medios moralmente lícitos. Toda norma o ley injusta o inicua, contraria al orden moral, no obliga en conciencia.

Lo otro que es necesario tener presente es que el poder no confiere autoridad necesariamente. El poder es un efecto de la autoridad y no al revés.

El que manda debe tener autoridad, y la obediencia (no sumisión como algunos la interpretan) es la virtud moral que hace propia la voluntad de la autoridad legítima que imparte órdenes en el cumplimiento de la misión encomendada y que sólo puede cumplirse con la participación, directa o indirecta, del conjunto. La obediencia, por lo tanto, se funda en la autoridad.

Si alguna vez aceptamos la relativización del vocablo autoridad, a través de sus derivadas autoritarismo o autoritario, estaremos abriendo la posibilidad al desmantelamiento conceptual sobre el cual se fundan los conceptos de obediencia y por derivación inevitable, a las virtudes de la disciplina y subordinación, fundamentales en nuestra institución.

Consenso, Pluralismo, Diversidad:

Consenso, del latín consensus, significa unanimidad, resolución, deseo unánime, simpatía y armonía. Es decir, para que se dé el consenso debe existir un mismo parecer, deseos o sentimientos sobre algo que exige esta posición, de dos o más entidades.

De acuerdo al RAE, pluralismo es el sistema por el cual se acepta o reconoce la multitud de doctrinas (incluidas también las ideologías) en materia política, económica, etc. El pluralismo sostiene la multiplicidad de lo real y en el plano moral acepta la coexistencia de diversas y también hasta opuestas creencias pero que comparten valores morales básicos para convivir en sociedad.

Diversidad es variedad, desemejanza, diferencia, conjunto de varias cosas distintas.

Estos tres términos, consenso, pluralismo y diversidad pueden ser utilizados mañosamente para manipular, especialmente, los principios morales y religiosos de las personas.

Veamos los hechos:

– Partamos de la base que en materia religiosa, por la multiplicidad de tipos de fe y dogmas de las distintas religiones, no puede darse, en sentido estricto, el consenso, salvo que se postule un sincretismo que, de producirse, deja ya de ser una determinada religión o doctrina moral.

– Por el pluralismo se puede aceptar convivir en una sociedad con una diversidad de doctrinas, pero en materia religiosa y moral podría tratar de imponerse el reconocimiento, en su acepción (RAE), de admitir y manifestar que es cierto o se está de acuerdo en lo que otro dice y hace.

–  Por la diversidad, que es un hecho reconocido en las sociedades actuales, se podría llegar a imponer la idea de que esta realidad está por sobre la particular identidad de cada religión o doctrina moral y que éstas deben ceder en sus principios, en aras y beneficio de un pluralismo acorde con esta diversidad.

La frase unidad en la diversidad puede aplicarse sólo cuando esa diversidad participa de principios y elementos comunes que les permita, básicamente, marchar de acuerdo hacia el Bien Común de la Patria, sin renunciar a sus principios particulares. La realidad nos muestra que es muy difícil que se dé esta unidad en la diversidad cuándo esta última vemos que es cada vez más profunda en nuestra sociedad, en cantidad y cualidad, precisamente por tratar de conciliar ideológica y utópicamente estos conceptos de consenso, pluralismo y diversidad.